LOS OBJETOS Y EL DISEÑO
Cuando los materiales hablan
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La expresión
de la materia en el contexto de los
productos tecnológicos

ESCRIBE
Roberto Tomassiello
Profesor Titular e Investigador (II) en la UNC y UNSJ.
Profesor en el nivel de Posgrado de la UTN y la UNSJ.
Responsable del Laboratorio de Diseño Industrial
y Gráfico del Centro Regional de Educación
Tecnológica (CeRET), dependiente del Gobierno
de Mendoza y la UTN. |
El mundo objetual, en otros términos,
aquel entorno de productos desarrollados a fin de satisfacer
necesidades humanas, podríamos interpretarlo como la
convergencia de materia, forma, expresión, función
y uso, en un todo denominado “objeto”. Los objetos
son productos de las tecnologías duras, se caracterizan
por su tangibilidad, y pertenecen al contexto inmediato de
las personas, donde tienen el propósito de facilitar
sus actividades cotidianas.
La materia que da vida a dichos productos,
es portadora de información y de una capacidad expresiva
que contribuye a determinar sus rasgos mórficos, otorgando
identidad a los mismos. La expresión de la materia,
está determinada -entre otros factores- por su propia
naturaleza, por los recursos tecnológicos puestos en
juego para transformarse en productos y también, por
el uso.
Considerando como centro del análisis
la propia naturaleza de cada material, se pueden advertir
comportamientos diferentes: algunos son flexibles, o bien
elásticos, otros en cambio se presentan como rígidos
e indeformables. Finalmente, se encuentran aquellos que son
relativamente pesados, en contraposición a los que
muestran liviandad.
Por otra parte, según la capacidad
de transmisión de la luz, algunos materiales resultan
transparentes, permiten ver con marcada definición,
como si no se interpusieran al observador. Otros se oponen
al paso de la luz, siendo entonces opacos. Entre ambas categorías,
pueden ubicarse los materiales conocidos como traslúcidos:
a través de ellos las imágenes se perciben borrosas,
y por ello tienen un modo de expresión característico.
Se podría decir que en lo expresivo, actúan
como un filtro con capacidad para seleccionar lo que dejan
pasar (sólo la luz) de las imágenes que no permiten
ver con nitidez.
Asimismo, con respecto a la percepción
táctil, los materiales pueden aparecer como porosos
o compactos, texturados o lisos y cada sustancia tiene una
temperatura que la distingue de otras. Por otra parte, la
materia es portadora de un sonido, un olor, se contrae o se
dilata según las variaciones de temperatura o humedad,
y también es capaz de responder frente a ciertos estímulos,
como sucede con los materiales inteligentes. La materia es,
por lo tanto, sensible.
El usuario de los productos, desde el
mismo momento en que los percibe por primera vez, y más
adelante durante su manipulación, está en condiciones
de captar estas cualidades, llevando a cabo entonces un proceso
de lectura -decodificación- a través de la vía
sensorial, según sus propias pautas culturales. La
materia y la forma, determinantes de las características
los objetos, constituyen simultáneamente una potente
usina expresiva, capaz de estimular no sólo los sentidos,
sino también el campo emocional de los sujetos que
interactúan con los productos.
Hacia una expresión sincera
de la materia
Si bien la realidad cotidiana se encarga
de poner en evidencia modos de expresión auténticos,
que revelan la propia identidad de los materiales, en ciertos
casos parecería que los acabados ocultan las posibilidades
expresivas genuinas de los sustratos en los que están
aplicados.
Es frecuente encontrar productos tecnológicos
donde los metales aparecen recubiertos por esmaltes que reproducen
vetas para emular la madera. Otras veces, la madera es laqueada
con revestimientos de apariencia metálica, perdiéndose
sus rasgos propios, aquellos que la caracterizan y otorgan
particular belleza.
En la opinión del autor, debería
existir una necesaria sinceridad en la expresión de
los materiales, tema que no pueden desconocer los responsables
del diseño y de la factura de los objetos.
Los materiales, su potencialidad
expresiva y el uso
A los efectos de profundizar el análisis
sobre los materiales y su potencialidad expresiva, es conveniente
tener en claro qué se entiende por “material”.
En tal sentido, Carlos Rangel Nafaile1 aporta una visión
interesante, al intentar definir los materiales. Este autor
los caracteriza como “la porción de materia a
la que se le da un uso particular para desarrollar una actividad
específica”. Podemos inferir que un material
no solamente es una sustancia, sino algo más complejo:
es la suma de la materia y el uso que ésta va a tener.
Desde lo expresivo, el uso también promueve la metamorfosis
de la materia, confiriéndole variadas apariencias.
Es evidente que después de varios años de utilización,
la empuñadura de madera de una herramienta pierde su
aspereza superficial y, adquiere en cambio un aspecto liso,
bruñido, obra del contacto de la mano del usuario sobre
el material.
De igual modo, un trozo de acero expuesto a la acción
de los factores ambientales -en particular, su contacto directo
con el aire y el agua- pierde el brillo metálico y
se convierte progresivamente en un material de color rojizo,
donde la formación de óxido avanza hasta que
lo corroe y perfora. Como se puede advertir, hasta la materia
que en apariencia no tiene vida -como el caso de los metales-
está en permanente cambio, puede ser transformada y
como consecuencia de ello, es capaz de expresar diferentes
identidades.
De lo anteriormente expuesto podemos
concluir que la materia, en su interacción con el ser
humano, posee -al decir de Manzini2 - una reconocibilidad:
se sabe cuál es el campo de sus posibilidades y limitaciones,
y la potencialidad expresiva que puede ofrecer en diferentes
situaciones.
Los materiales y su expresión,
según los recursos tecnológicos utilizados
La expresión de los materiales
manifiesta variaciones significativas, según el modo
utilizado para su conversión en productos. A los efectos
de poder ejemplificar lo expresado, vale la pena retomar el
caso del acero: cuando un lingote de este material es laminado
en frío, cobra una apariencia brillante, bruñida,
con una superficie lisa. La estructura cristalina resultante
de este proceso, le da al material características
de acritud, es decir dureza y fragilidad, lo cual determina
que sea difícil de procesar.
En oposición, un lingote del mismo
material trabajado al rojo muestra una superficie rústica
y ennegrecida por el efecto del óxido que, a modo de
cáscara, ha cubierto temporalmente su superficie. El
acero laminado en caliente posee condiciones de maleabilidad
que no se consiguen fácilmente de otro modo, y que
favorecen las operaciones futuras sobre el material.
Como se puede advertir, los diferentes
modos de procesamiento de los materiales, a la par que determinan
sus características expresivas particulares, también
establecen cualidades de la estructura interna.
A modo de conclusión
El universo objetual es tal gracias a
la materia que le confiere tangibilidad. Cada material es
portador de rasgos expresivos particulares, según su
propia naturaleza, por el modo en que han sido procesados,
o también por la impronta que el uso va dejando en
los productos, en su contacto directo con el ser humano.
El Diseño, como actividad proyectual
dedicada a la resolución de los aspectos formales de
los objetos, debe extraer las potencialidades expresivas de
sus materiales, aplicándolas de modo inteligente en
la definición del lenguaje de los objetos que se conciben.
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