
Espacios teatrales en San Juan
(1900 - 2000)
Ocupo,
luego existo
ESCRIBE
Jorge Fernández
Integrante del equipo de investigación del proyecto:
Historia del Teatro Sanjuanino
Instituto de Literatura Ricardo Güiraldes
Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes - UNSJ
El teatro en San Juan, permanentemente
buscó “su lugar”, constituyendo esto en
sí mismo, parte de la historia de la cultura de la
provincia. Podrían describirse los momentos de avance
y retroceso del arte teatral sanjuanino analizando con detenimiento
la lucha por un territorio. Una lucha por expandir la escena,
entendida esta como hábitat de grupos artísticos
y de estéticas, como espacios de existencia cultural.
Así como no se puede hablar de los productos de la
cultura y del teatro sin hablar de sus productores; tampoco
se puede hacer referencia a los procesos por los que esos
productos surgieron sin hablar de los espacios originadores.
Espacios e historia
Las dos primeras décadas del siglo
XX en la provincia muestran un sistema teatral sumido en una
precariedad creciente. Se debe asumir la pérdida de
la tradición del teatro dedicado a la zarzuela y la
opereta, a lo dramático musical, que en su decadencia
como géneros arrastró la estabilidad edilicia
y financiera de las pocas salas existentes.
Fue una época de inconsistencia, de salas reacondicionadas,
con escasas comodidades para un público que exigía,
pero no redituaba económicamente. El cine se imponía
y esto se demostraba con el cercenamiento de la escena, con
el abandono en el cuidado de camarines y de la infraestructura
escenotécnica. Las compañías que llegaban
a la provincia distaban mucho de ofrecer espectáculos
de calidad, con la consiguiente pérdida de público
habitué. El espacio de condiciones óptimas al
teatro se perdía y en su lugar aparecía un híbrido,
destinado a ofrecer películas y bailes populares. El
espacio para espectáculos se ve empujado hacia los
alrededores de la ciudad. Desaparecieron los palcos y las
salas de entrada se redujeron a un mínimo espacio destinado
a organizar el ingreso del público. El espectador culto
se fue transformando en público consumidor.
Desde la elite social provinciana se mantenía una distancia
para con la práctica teatral, relación que se
atenuaba con la llegada de alguna compañía de
renombre y de figuras de reconocida trayectoria. En esos momentos
reaparecía el espectador calificado.
Otra de las razones sociales se encontraba
en la falta de comodidades y precariedad de las salas, y en
su reputación ligada a lo popular. Los diarios de época
criticaban regularmente a sus propietarios, usos, concurrencias
inadecuadas y consecuencias de las otras actividades más
ligadas a la diversión.
Así, el Teatro Moderno data aproximadamente de 1909,
muy elemental en sus instalaciones. En junio de 1910 comenzaba
a funcionar el Teatro San Martín, el que en pocos años
solo se dedicaría a la actividad cinematográfica.
Y el por entonces gran proyecto gubernamental: el Teatro Coliseo,
inaugurado en setiembre de 1911. Obra monumental para la época,
destinataria de un importante empréstito internacional
y luego escandaloso dolo a las finanzas publicas.
La obra quedó inconclusa, con serias fallas en su construcción
y lentamente se fue degradando con los años, recibiendo
compañías de escaso mérito, ofreciendo
luego lugar para circos y finalmente en 1922, destinado a
cuartel de bomberos.
Las décadas siguientes pueden
ser enmarcadas por un creciente movimiento social, económico
y político. La llegada al poder del Dr. Federico Cantoni,
de ideología muy cercana al socialismo produce fuertes
enfrentamientos con la elite económica sanjuanina y
una movilidad social importante. Comienza a darse en la provincia
un cambio tecnológico en la industria vitivinícola,
en los materiales industriales en general, el uso del automóvil
se generaliza. Es el momento de formación de las grandes
compañías nacionales de teatro, que arrastran
multitudes, que forman un circuito nacional de giras y que
encuentran en la radiofonía un acelerador de este proceso
cultural creciente.
En 1918 se inaugura el Teatro Estornell, construido por un
industrial bodeguero. Dotado de toda la técnica necesaria
para la actividad teatral, es recibido con beneplácito
por toda la sociedad. Permitiendo así que la práctica
teatral no se viera impedida. También es un ejemplo
de cómo una empresa dedicada al teatro puede ser lucrativa.
Sobre la década del 30 San Juan puede contar con un
teatro de unas instalaciones y arquitectura modernas, el Teatro
Cervantes. Ubicado frente a la plaza principal de la ciudad,
suntuosamente acondicionado y el primero en contar con platea
flotante sobre la sala. Allí se dieron cita las grandes
figuras de la escena nacional, tanto líricas como dramáticas.
Es el lugar de la elite cultural y social de la provincia,
pero también es el cine donde concurren los públicos
masivos a ver los éxitos del cine nacional o de Hollywood.
Sobre los 40 el cine gana espacios dentro de la ciudad y en
su periferia. El teatro asume un carácter ciudadano
y dependiente de los grandes centros culturales, en especial
Buenos Aires. Entonces aparece en el espacio local el radioteatro,
con su atmósfera popular y con celeridad se desparrama
por escenarios improvisados en todas las barriadas, en los
pueblitos; es un género que se mide por un nuevo territorio,
el interior y su gente.
Un terremoto devastador en enero de 1944, deja a San Juan
destruida, el ochenta por ciento de sus edificaciones cae,
el número de victimas fatales es altísimo. Las
consecuencias para el teatro son obvias. Pero es el radioteatro
el que lentamente emerge y se posiciona, debido a su carácter
moralizante, didáctico, de esencia nacional y a su
vez rápido despliegue.
Comienza una etapa de reconstrucción de la ciudad,
entre las nuevas edificaciones están los cines-teatros
y el campo teatral empieza a resurgir. Con el peronismo nuevamente
en el poder, el radioteatro de la provincia adquiere una apoyatura
que le permite acceder a las salas antes retaceadas. Es en
este período en que se construye el espacio más
importante del siglo XX, para los hacedores teatrales sanjuaninos:
el Teatro Sarmiento. En funcionamiento desde 1952, poseyó
diversas denominaciones, y pasó por diferentes modificaciones
en su estructura hasta llegar a su estado actual. Fue durante
décadas un espacio que los teatristas locales disputaron
a los caprichos gubernamentales.
El territorio ganado para el teatro sanjuanino
desde la creación del ISA, en 1960 fue, en primer lugar,
las aulas de la Escuela de Arte Dramático. Luego el
pequeño teatro El Globito hasta su destrucción
en 1965. A esta expansión territorial le sumaremos
los primeros elencos independientes surgidos del ISA, la Comedia
Provincial, la escuela de titiriteros, un empuje notable considerando
el carácter mayoritariamente foráneo del teatro
en San Juan.
Paralelamente a la existencia del Salón Cultural Sarmiento,
sala principal de la provincia, es la del cine teatro Renacimiento,
y otros cines y clubes de barrio que aportaban sus humildes
escenarios a elencos vocacionales y de radioteatro.
Pero durante este proceso la provincia participó de
los cambios políticos, económicos y socioculturales
que ocurrían en todo el país en la década
del 60.
La aparición de nuevos grupos teatrales, como el Teatro
de los seis, implicó necesidad de nuevos espacios.
Fue entonces la Biblioteca Franklin y su sala, donde se cobijó
a la incipiente actividad de este grupo y otros, cuando todo
el país parecía expandirse teatralmente.
Siguió sobre los años 70 el Instituto Göethe,
como un refugio tras la llegada de la dictadura militar de
1976 a 1983, y discontinuamente el Salón Cultural Sarmiento,
ateniéndose al autoritarismo del momento. Oscar Kummel,
al resguardo del Göethe expande la actividad y la enseñanza
teatral, la provincia comienza a ser reconocida en los festivales
nacionales, un territorio para revalidar calidad y esfuerzo.
El gobierno provincial ligado ideológicamente
al de facto interfirió en el uso de la sala oficial.
Necesariamente la respuesta a esta actitud fue una sala totalmente
independiente. Esta fue montada en casa de la arquitecta Renard,
El Planario que subsistirá hasta 1985. Luego las plazas
democratizadas, después de 1984, brindarán cabida
al teatro callejero, en una verdadera primavera democrática.
Ya cercanos a nuestros días, en
los 90, los territorios ya privatizados se traducen en salas,
emprendimientos particulares autogestionados como Taller de
Arte, de la plástica Silvina Martínez lugar
de experiencias cercanas al teatro, o subsidiadas por el Instituto
Nacional del Teatro, pero siempre amenazadas con el cierre.
En esta condición se desenvuelven El Círculo
de Tiza, La Cooperativa Teatro de Arte o El Avispero, en nuestros
días.
Además, una nueva vuelta a las aulas en 1991 en la
Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de
San Juan, con la carrera teatral.
Siguen siendo territorios que el teatro
sanjuanino ocupa en su afán de hacerse de un lugar
en el mundo. Luchando contra la ya endémica despreocupación
del estado por los espacios teatrales, su negativa a construir
salas, a constituir comedias, a subsidiar las actividades
teatrales, al divorcio de los arquitectos para con este arte.
El teatro en San Juan y su búsqueda de territorios
ha sido y es, una empresa ética de sus hacedores, proyecto
que los sobrepasa pero paradójicamente les da existencia
y los convierte en constructores de lo que aún no existe,
pero se presiente.
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