DENOMINACIONES, uno de los temas de las Jornadas de DISCAPACIDAD
Dime cómo te nombran y te diré quién eres
¿Cómo hablar de discapacidad sin caer en discriminación? Cuando se encasilla a una persona en determinado grupo o categoría, se la define en función de ciertas características comunes al grupo. En el plano de la discapacidad, esa definición roza la discriminación.
Por Julieta Galleguillo

Escribir sobre discapacidad ya implica diferenciación y diferenciación implica discriminación. Según varios investigadores, la línea que separa la defensa de los derechos de las minorías de una discriminación involuntaria es muy delgada. Alentados por esta "defensa" que suele caer en discriminación, "construimos el mundo en función de lo que nosotros creemos que las personas en situación de discapacidad necesitan, porque nosotros fuimos denominados sanos y ellos no. La mayoría de las veces no sabemos lo que necesitan, pero nos basamos en un modelo social establecido de 'ayudémoslo porque es incapaz' y terminamos discriminándolo", asume Hugo Fiamberti, asesor del INADI, expositor en las Jornadas sobre Discapacidad que dictó la UNSJ en abril.
De lo "especial" a lo "inclusivo"
Según especialistas en la materia, la bandera que defiende lo especial por sobre lo ordinario es el ataque más común a la inclusión natural de las personas con discapacidad. Culturalmente la diferencia entre las personas está marcada por los factores biológicos, hombres y mujeres, y etáreo, mayores o menores, pero el imaginario social asume minorías o subgrupos como "ciegos", "mudos", "homosexuales", "altos", "negros", "cordobeses", "profesionales", "extranjeros", etc. Algunas de estas denominaciones son características de una persona y otras son encasillamientos despectivos y discriminatorios, siempre dependiendo del contexto en el que se las utilice.
Es posible cambiar individualmente, la forma discriminatoria, irreal y poco representativa con la que se denomina a personas con discapacidad, pero lo que buscan los investigadores, nacionales y locales, es lograr que los medios de comunicación, el sistema educativo y las instituciones en general inicien y sostengan este proceso de cambio.
"Escuchamos y leemos denominaciones como 'minusválidos', 'impedidos', 'disminuidos' para referirse a personas con discapacidad. En términos laborales se sigue hablando de `incapacidad', una persona incapaz carece de capacidades y no importa el grado de discapacidad que alcancemos, siempre alguna capacidad tenemos. Vivimos en una sociedad altamente competitiva, en la que al nombrarnos ponemos por delante todos los títulos posibles, abogado, especialista, ingeniero, doctor, profesor, y para presentarnos nos preguntamos ¿vos qué haces? El trabajo nos representa, nos define, soy verdulero, camionero, taxista, etc. Ahora, si en este contexto hablamos de un incapaz, esa persona no tiene posibilidades de inclusión o acceso alguno al sistema. No está definido, no se representa de ninguna manera, está incapacitado, excluido totalmente", explica Fiamberti.
Los investigadores afirman que buscando una salida elegante ante esta terminología despectiva se han implementado denominaciones como "necesidades especiales" o "capacidades diferentes". En contexto de discapacidad, a quien es especial se lo ubica en un lugar especial, se lo destaca, positiva o negativamente. Por ende, se lo excluye. ¿Qué es especial? ¿Lo que es especial para unos es especial para otros? Hugo Fiamberti afirma que el término "especial" es sumamente subjetivo y carece de sentido. En cuanto a "capacidades diferentes", todas las capacidades son diferentes. Las capacidades de un geólogo no son iguales a las de un enólogo, las de un niño a las de una mujer adulta y las de un anciano a las de una adolescente embarazada.
Una sola provincia argentina afrontó un intenso debate sobre este tema de las denominaciones en materia de discapacidad y llegó a una conclusión, dando un primer paso. Desde hace dos años, en Entre Ríos ya no existen escuelas "especiales" y "normales", existe un sistema de de Educación Integral que abarca cada vez más establecimientos educativos.
Debatir, acordar y transformar
Acorde a los datos del último censo, en Argentina viven 4 millones de personas con discapacidad. El 38 por ciento no tiene obra social. El índice de desempleo de las personas con discapacidad alcanza el 40 por ciento. Teniendo en cuenta estos números, que en 2013 una persona en situación de discapacidad necesite asistencia para hacer algo que los demás hacen sin problemas, indica una inaccesibilidad que resta autonomía y la diferencia de otras personas. Según Fiamberti es ahí donde hay que trabajar en materia de discapacidad, en garantizar que se ejerzan los derechos adquiridos en función de la inclusión. Sobre este tema la docente de la UNSJ, Silvia Prolongo, afirma que si la accesibilidad, la inclusión y la diversidad de oportunidades funcionaran óptimamente, las discapacidades no se acentuarían, por el contrario, se atenuarían propiciando la integración.
Fiamberti y Prolongo coinciden en que es imprescindible que tanto periodistas como docentes, y cualquier persona que forme opinión estén al tanto de los últimos avances que proponen los tratados internacionales, en los que la terminología es una pata fundamental.
En la última Convención Internacional sobre los Derechos Humanos de las personas con discapacidad, a la cual Argentina adhirió, se acordó reflejar siempre la discapacidad tal cual es, es decir que si una persona es ciega, se la mencione como "persona ciega" y no como discapacitada. Además se definió presentar a las personas con discapacidad de tal modo que prevalezca su condición sustantiva de persona, sobre la circunstancia adjetiva de la discapacidad. La discapacidad es un adjetivo que acompaña al sustantivo persona, no es la discapacidad o la disfunción el sustantivo que define al sujeto.
"Los docentes y los medios de comunicación son imprescindibles en esta tarea. Creo que el avance en mejorar nuestras denominaciones va a depender de la difusión, debemos instalar el tema, debatirlo, acordar y transformar conceptos. Una vez generado el debate hay que militarlo. ¿Hasta dónde vamos a llegar? no lo sé, depende de las capacidades, de las condiciones y las oportunidades que uno pueda crear. Debemos preocuparnos porque las personas con discapacidad puedan trabajar, debemos generar políticas educativas y edilicias de inclusión, esa es la mejor manera de ayudarlos, haciendo que nuestro mundo sea también el de ellos y no creando un mundo especial para ellos", concluye Fiamberti.