Revista La U

Límite entre libertad de expresión y el Otro

Escribe: Andrés R. López

En la tradición del pensamiento crítico latinoamericano hay claramente un marco de referencia para pensar la problemática de los límites entre la libertad de expresión y la Otredad. Ese marco está dado por el campo histórico de tensiones entre el Desconocimiento y el Reconocimiento de la Alteridad.
Podemos decir, siguiendo esa línea de reflexión, que en circunstancias donde se pone en tela de juicio el ser y la dignidad del Otro, es lógico y esperable que aparezcan en escena y colisionen dos fuerzas antagónicas: la que niega, por diversos medios, entidad o humanidad al Otro, y la del Otro que lucha por su afirmación, que lucha por su Reconocimiento, en tanto parte constitutiva de “lo humano”.
Es curioso, y está de sobra estudiado, el mecanismo que está detrás de las “políticas del Desconocimiento” de los sujetos no reconocidos como tales y que luchan por serlo a través de los movimientos sociales indígenas, populares, de mujeres, de diversidad sexual u otros. Como lo ha dejado en evidencia el actual pensamiento “decolonial”, hay por lo general un montaje, una disposición, una activación permanente, de férreos discursos sostenidos en matrices ideológicas racistas. Esas matrices, para decirlo en pocas palabras, son las que justifican y avalan una clasificación de la población de acuerdo a una jerarquía en la que está presente la idea de “lo más y lo menos humano”.
Por ello son muy comunes en las políticas del Desconocimiento del Otro, los argumentos que afirman que ese Otro es “menos hombre o mujer” que el resto. Esta estrategia, por ejemplo, es fácilmente identificable en el editorial periodístico de Antonio Canales, de Radio AM Las 40, que tanto revuelo provocó hace poco tiempo en nuestra Provincia. En el video que circula por Youtube, el comunicador social, con mucho desparpajo, critica al “sujeto homosexual adolescente” que asiste a la escuela secundaria y que plantea la demanda de una educación física diferenciada. ¿Desde qué lugar hace Canales la crítica? Desde un lugar de enunciación racista. ¿Cómo se detecta este posicionamiento? En el léxico que utiliza y en su inscripción ideológica. El periodista califica (describe) a ese sujeto como “mariquita”, “mujercita” y “amanerado”. Es decir, como una “caricatura” de lo humano, como una “imitación” fallida de lo femenino, como algo “grotesco”, “ridículo”, “monstruoso”. Como una “realidad humana menoscabada”. Esto es lo típico del discurso racista. El Desconocimiento y la Negación de la dignidad del Sujeto-Otro por ser una degradación supuesta de ciertos parámetros de humanidad que “Yo poseo” en grado sumo y el “Otro carece” en buena o gran medida.
El ejemplo es minúsculo, una gota en el océano. Pero lo cierto es que la acción discursiva de Canales forma parte de mayúsculos dispositivos que tienen en nuestra Región siglos de anclaje histórico. De modo que, a los efectos de pensar la temática de la libertad de expresión en relación a la Otredad, bajo ningún concepto deberían dejar de tenerse en cuenta. Hay formaciones históricas en las cuales está enraizada esa acción y hay líneas de continuidad muy claras entre el Desconocimiento del Sujeto Homosexual y otras formas de Negación operadas en Nuestra América. De hecho, la primera Alteridad que fue puesta en duda en la época de la Conquista y Colonización, fue la indígena. El cuestionamiento era: “¿A la población indígena americana debemos considerarla como humana o no?”. En ese entonces la Bula Sublimis Deus del Papa Pablo III de 1537, representativa del saber socialmente legitimado del momento, estableció que los indígenas “sí eran humanos” y que no podían ser esclavizados. ¿Qué hubiera dicho un Canales de esa época? Bueno, es fácil imaginarlo…
¿Qué conclusiones podemos hacer a partir de estas breves consideraciones? Se pueden hacer muchas, pero bastaría resaltar una relativa al “límite ético” de la libertad de expresión, sobre todo en los medios masivos de comunicación. La que afirma que el imperativo ético debería ser por principio la “dignidad humana de la Otredad como tal”. ¿Es un “ideal regulativo”? Sí. ¿Difícil de concretar de manera absoluta? Sí. ¿Viable como programa político y pedagógico? Totalmente. Pero la condición indispensable para ello, la condición histórica, es política. Supone el diseño y el sostenimiento de políticas públicas activas en la materia y el fuerte compromiso de los sectores progresistas de nuestra sociedad. Porque los imaginarios racistas no son nuevos, son de larga duración y actualmente están siendo replanteados y reformulados en las ideologías del bloque ideológico-político de la neo-derecha. ///

Mg. Andrés R. López | Docente de la cátedra Historia de las Ideas Latinoamericanas – Profesorado y Licenciatura en Filosofía – FFHA – UNSJ

La imagen que ilustra esta nota pertenece a la serie «¿Qué somos bajo la máscara?» de la artista plática Inés Lalanne. Ver sobre esta muestra en

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