Revista La U

Misión “cambiar el alma”

Por Fabián Rojas

Después de la Segunda Guerra Mundial, con las economías de los países devastadas y luego de haber sobrevivido al tifón de la crisis financiera conocida como “La Gran Depresión” o la “Crisis del 29”, reinaba el keynesianismo. Los Estados intervenían en el curso económico para morigerar los efectos que acarreaban desempleo y pobreza. El Estado accionaba mediante políticas que posibilitaban el juego de la oferta y la demanda con mercados internos activos. Asignaba recursos y distribuía progresivamente el ingreso. En eso estaba también la Argentina, aunque no sin padecer eternas fluctuaciones en su economía y temblores políticos, hasta que llegaron ellos el 24 de marzo de 1976. Y los ganadores por sobre el pueblo fueron otros: los bancos y el imperialismo.

Antes de ese año nefasto y parteaguas en la Historia argentina, “el Estado nacional tenía un importante rol como asignador de los recursos captados por el sistema financiero”, describe para Revista la U Marcelo Alós, doctor en Economía e investigador en el Instituto de Investigaciones Socioeconómicas (IISE) de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de San Juan. “La intención era, a veces de mejor manera y a veces no, otorgar préstamos a tasas razonables para la inversión en bienes de capital que mejoraran la capacidad productiva y generaran más empleo y producción”, afirma.

Desregulación y extranjerización

    Pero casi un año después de instalarse en la Casa Rosada, los dictadores, con sus contactos fluidos con tecnócratas del FMI, torcieron el devenir económico para el lado de la especulación con la Ley de Entidades Financieras Nº 21.526, sancionada el 14 de febrero de 1977. “Esa ley, vigente hoy, fue parte importante del plan económico del gobierno militar que tenía como premisa la desregulación de la economía y otorgar un rol muy importante a los mercados como asignador de recursos. Esos recursos fueron de allí en más a colocaciones financieras de alta rentabilidad privada, pero baja rentabilidad social, y a priorizar la banca transaccional”, explica Alós.

   Una de las tropelías de la Ley de Entidades fue (y es) propiciar la extranjerización de la banca y la proliferación de la banca privada. “La desregulación facilitó la creación de nuevos bancos. La apertura del mercado y de los flujos de capitales internacionales posibilitaron la llegada de muchos bancos de capital extranjero”, narra el economista integrante del Programa de Investigación y Estudios del Trabajo (PIET – UNSJ), y del Grupo de Estudios sobre Sindicatos, Empresas y Trabajo (GESET) del IISE.

    Por eso, al hablar de la patria financiera hija de la dictadura cívico militar 1976 – 1983, el historiador Norberto Galasso, en su “Breve historia argentina”, sentencia: “Mientras las Fuerzas Armadas se lanzan a la ‘caza’ de jóvenes guerrilleros y sus compañeros de superficie, así como también de sindicalistas rebeldes, Martínez de Hoz y su equipo de Chicago Boys sientan las bases de la reconversión de la economía argentina en función de los intereses del imperialismo y de la especulación financiera”.  

Las manchas que no salen

   “El Gobierno de facto modelizó una matriz que hoy tiene grados importantes de vigencia. La sociedad argentina desde el retorno de la democracia no logra definir un modelo de país que satisfaga las necesidades y requerimientos de la población”, afirma Marcelo Alos.

   En realidad, hoy la ley está vigente vehiculizada por un modelo aceitado para funcionar con esa norma y viceversa. Alós ejemplifica: “El modelo económico del Presidente actual no favorece la inversión productiva. Es más rentable colocar un ahorro en un instrumento financiero o hacer carry-trade que invertir en una economía regional o invertir para producir un bien de consumo. Más que la Ley de Entidades Financieras, es el modelo el que asigna recursos o ahorros hacia sectores no productivos. Aun con la ley vigente, si fuera más rentable producir, los recursos se destinarían a ello. En mi opinión, es una política inconsistente temporalmente porque en algún momento no crecer, no invertir, no consumir hace inviable cualquier economía”.

   Sin embargo, en la actualidad bancos provinciales y nacionales ofrecen créditos para el sector productivo, ¿entonces hoy los bancos han girado su financiación hacia un perfil más productivo?, le pregunta esta revista a Alós. “Que la regla sea que los fondos se orientan a inversiones especulativas no quiere decir que no haya excepciones. Bancos o provincias generan instrumentos para incentivar la inversión productiva. Pero son excepciones que generan inversiones marginales, si las comparamos con una decisión política de fomentar un modelo consistente que genere crecimiento, empleo, desarrollo tecnológico, inclusión y bienestar en la población”, apunta.

 “Cambiar la mentalidad, lo más importante”

   Cuando esa ley fue publicada el 21 de febrero de 1977 en el Boletín Oficial, el ministro insigne en esa dictadura impresora a fuego del neoliberalismo en el país, José A. Martínez de Hoz, dijo, como señala el sitio www.lasleyesdeladictadura.com.ar: “Esto es un cambio de estructura de las instituciones financieras argentinas, una pequeña revolución que va mucho más lejos de lo que la gente ve. Los vamos a cambiar a todos y a cambiar la mentalidad, que es lo importante”.

   La afirmación (o amenaza) del ministro era consonante con la idea de cambiar el sentido, la cosmovisión, la ideología que se fijaba como misión el neoliberalismo luego en los años ochenta mediante Ronald Reagean y Margaret Tatcher. Se trataba, en suma, de cambiar la vida. 

    Como dice el politólogo, docente e investigador de la UNSJ Álvaro Olmedo en su libro “Génesis y proyección del neoliberalismo”, “cuando Margaret Thatcher afirmaba: ‘El objetivo es cambiar el alma’, dejaba al descubierto la profundidad e importancia de una ideología: no es una simple circunstancia o una parcialidad pasajera (…); es una totalidad que busca perpetuarse”.

   Y sí, se perpetuó hasta estos días actuales en que el Gobierno argentino habla de ganar una batalla cultural imponiendo la lógica del dios mercado por todos los planos e intersticios de la existencia humana.            

Imagen de portada, generada por IA                           

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