Revista La U

Entre los libros y el uniforme, una historia que rompe barreras

Por Yanina Páez

Hay trayectorias que no se explican en una sola línea. La de Patricia Herrera es una de ellas. Porque su historia no empieza en un despacho ni en un ascenso, sino en una decisión temprana: estudiar, incluso cuando el uniforme ya marcaba el ritmo de su vida.

Hoy, con casi tres décadas de servicio en la Policía de San Juan, Herrera acaba de convertirse en la primera mujer egresada de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) en integrar una plana mayor de la fuerza. Un hito que no solo marca un avance en términos de género, sino también un puente entre dos mundos que muchas veces parecieron lejanos: la universidad y la fuerza policial.

“Sí, yo soy profesora egresada de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes en el año 2003 y luego recibí mi grado de licenciada en Historia también para el año 2007… y ahora integro una plana mayor”, cuenta con sencillez.

Patricia Herrera participando en un desfile. Foto: Gentileza

Una vocación que se construyó entre guardias y clases

La historia de Herrera dentro de la Policía comenzó temprano. Tenía apenas 17 años cuando ingresó como cadete, en 1994. Dos años después ya estaba en funciones, iniciando un camino que hoy suma 30 años de servicio.

Pero en paralelo, otra pasión crecía con la misma fuerza: la historia.

Mientras cumplía funciones en la Comisaría Primera, organizaba sus horarios como podía para asistir a clases en la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes. “Pedía permiso o después devolvía las horas… la clásica que hacen los estudiantes que estudian y trabajan”, recuerda.

Eran días largos y noches aún más extensas. Turnos, guardias, estudio. La rutina de quien no está dispuesta a resignar nada. “Mi prioridad fue estudiar; era muy jovencita”, resume.

Esa decisión marcaría su recorrido. Primero llegó el profesorado, luego la licenciatura en Historia, con un trabajo profundamente ligado a su propia realidad: investigó la figura de José Agustín Tourres, el primer jefe de policía fallecido en servicio en San Juan.

La docencia, otra forma de servir

Lejos de abandonar el aula, Herrera construyó también una sólida carrera docente. Lleva más de 20 años enseñando, fue directora de nivel secundario en dos oportunidades y también vicedirectora.

“Como docente tengo 20 años. De hecho, también trabajo dentro de la universidad”, cuenta, reafirmando ese doble compromiso que la define.

Patricia Herrera junto al equipo de docentes de Ciencias Sociales de la ECLGSM. Foto: Gentileza

Hoy, incluso, forma parte de los cuerpos docentes de la UNSJ y se desempeña como rectora del Instituto de Seguridad Pública, un rol donde confluyen todas sus experiencias.

Para ella, no hay contradicción entre enseñar y ejercer la función policial. Al contrario, hay una continuidad: formar, acompañar, transformar.

El camino, sin embargo, no estuvo exento de tensiones. Herrera reconoce que muchas veces sintió que habitaba un lugar incómodo entre dos mundos: “Por algunas ideologías extrañas, me hacían sentir ‘la zurda’ dentro de la policía y ‘las botas’ dentro de la universidad”, relata con una mezcla de ironía y honestidad.

Pero lejos de ser un obstáculo, esa dualidad terminó convirtiéndose en una fortaleza. Una mirada distinta, más amplia, más crítica.

El reciente nombramiento en la plana mayor no es solo un reconocimiento personal. También es el reflejo de un recorrido sostenido y de una formación que, como ella misma destaca, fue clave. “Estoy enormemente agradecida a la Universidad Nacional de San Juan porque, sin la formación que recibí, no podría tener estas perspectivas o esta mirada”, afirma.

En esa frase se condensa algo más profundo: la idea de que la educación no solo transforma a las personas, sino también a las instituciones que esas personas integran.

Una historia que sigue escribiéndose

Madre, docente, investigadora y ahora integrante de la conducción superior de la Policía de San Juan, Patricia Herrera no responde a moldes preestablecidos. Su historia es la de alguien que eligió no dejar nada afuera, ni la vocación por enseñar, ni el compromiso con la fuerza, ni el deseo de seguir aprendiendo.

Y en ese recorrido, abrió un camino. Uno que, seguramente, otras mujeres comenzarán a transitar con un poco más de certeza porque ahora saben que es posible.

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