Revista La U

Remalvinizar

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Por Fabián Rojas

   En marzo de 1983, en París, el periodista y escritor Osvaldo Soriano entrevistaba para la Revista Humor Registrado al politólogo francés Alain Rouquié, latinoamericanista, estudioso de la Argentina e investigador en la Fundación Nacional de Ciencias de Francia. “Este es el primer reportaje que Alan Rouquié, autor de ‘Poder militar y sociedad política en la Argentina’, concede a la prensa de nuestro país”, introducía aquella célebre publicación gráfica. “Ha escrito numerosos artículos sobre el autoritarismo y el poder militar y en especial sobre el sistema político argentino”, continuaba la presentación en la entrada de la nota. Luego, ya en el transcurso del diálogo, Soriano le dice a su entrevistado “No hemos hablado todavía de Malvinas”. Rouquié entonces despliega una argumentación sobre errores de los militares argentinos para ir a una guerra contra potencias. Luego esgrime que todo lo mal hecho “tiene que tener consecuencias políticas: por ejemplo, desacralizar las fuerzas armadas”. Y continúa: “Porque pese al antimilitarismo táctico de los últimos tiempos, en abril de 1982 otra vez hubo quienes sacralizaron el ejército (…) Con este error, esta debacle, esta utilización incalificable de la tropa y el material, puede que se desacralicen las Fuerzas Armadas. Con una condición -que los militares no aceptarán fácilmente-, y que es esta: quienes no quieren que las Fuerzas Armadas vuelvan al poder, tienen que dedicarse a ‘desmalvinizar’ la vida argentina. Eso es muy importante: desmalvinizar. Porque para los militares las Malvinas serán siempre la oportunidad de recordar su existencia, su función y, un día, de rehabilitarse”.  

   Las negritas en el párrafo anterior son originales de la revista Humor Registrado en esa edición en papel del año 1983. El subrayado es un recurso que estudios de comunicación señalan como una herramienta de frame (marco o enmarcar), cuyo fin es resaltar aspectos que el emisor considera esenciales en la construcción de sentido de una información. Así, un actor cultural importante en Argentina como esa revista realizaba aportes clave para nombrar una idea que se iba a poner en práctica en la sociedad: según después se dijo en otros medios, es en esa entrevista realizada por Soriano a Rouquié que surgió “desmalvinización” como concepto.

   La dictadura cívico militar que llevó adelante la Guerra de Malvinas fue un régimen genocida y autor material de las políticas más dañinas para Argentina en la historia reciente de este país, con una estela de deterioro que se reproduce con fuerza en este presente político, económico y social. Eso es claro. Pero las causas nacionales encierran una verdad y peso históricos, como es el hecho imperialista de Gran Bretaña desde 1833 apoderándose de las islas y el intento argentino de recuperarlas en 1982.

   Hay una inquietante paradoja conformada por lo nefasto, regresivo y criminal de la dictadura 1976 – 1983 y la acción militar, hace 44 años, de ese régimen de ir en pos de la soberanía argentina (al margen de las intenciones que pueda haber tenido detrás la dictadura). Como dice Gustavo Terzaga en su texto “Malvinas: la nación frente a la historia”, “esa guerra fue la antítesis política del plan económico de la dictadura porque, mientras Martínez de Hoz nos ataba al capital financiero internacional extranjerizando toda nuestra economía con la Ley de Entidades Financieras, la guerra nos enfrentó al imperialismo occidental. Fue aquel, el único momento en que la dictadura se salió del libreto liberal-colonial que había seguido desde el 24 de marzo de 1976”.

  El mismo 2 de abril hubo una multitud enfervorizada apoyando la recuperación de Malvinas. Pero días más tarde el final fue una derrota y el dispositivo cultural, la desmalvinización, se estrenaba. Empezaba a hacer su trabajo para desconectar Malvinas del ámbito de lo histórico, de lo popular y de lo reivindicativo para el país. Porque desmalvinizar es un plan neocolonial que consistió y consiste en erradicar a Malvinas como causa nacional del imaginario colectivo, de la conciencia nacional integral y reducirla a un mal paso histórico y nada más, no darle más cabida que esa y sólo recordar y honrar a los caídos. Porque si se piensa en una gesta histórica y reivindicativa sería no pensar que “para los militares las Malvinas serán siempre la oportunidad de rehabilitarse”, como dijo Rouquié en aquella entrevista.

   En su “Historia Política del Ejército Argentino – De la logia Lautaro a la Guerra de Malvinas”, el referente del Pensamiento nacional Jorge Abelardo Ramos escribe el capítulo “La victoria de Malvinas”. En él afirma que “cuando está en juego el suelo de la patria, sólo un cipayo puede preguntarse si el gobierno que conduce la guerra le gusta o no”. Y añade: “Si San Martín hubiese renunciado a luchar contra el imperio español al descubrir en su llegada a Buenos Aires la catadura de Rivadavia y Pueyrredón, quizás todavía seríamos súbditos del rey de España. El pueblo argentino y los hermanos de la Patria Grande comprendieron instantáneamente que la Argentina había emprendido una gran gesta”.

 En esta democracia

   La desmalvinización llegó para transitar todo este espacio de democracia formal iniciado en 1983. Democracia endeble que aún no logra librarse de los lastres de la dictadura cívico militar, como las andanzas del poder financiero internacional y local devorándose todo sueño productivo. Hay trabajos en el plano de la simbología, con los medios de comunicación (quizás, como aquel «desmalvinizar» destacado), la intelectualidad, la política para arrancar de las almas todo asomo de voluntad anticolonial.

    El comunicador e historiador Elio Salcedo, ex trabajador de la Secretaría de Comunicación de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), remarca rasgos de desmalvinización de hoy. “Si escuchás a C5N hablar del 2 de abril, a Página 12 o a grupos alfonsinistas o kirchneristas, todavía hablan de ‘los chicos de la guerra’, de las ‘atrocidades’ de la guerra y no de la Gesta de Malvinas y de sus héroes. Hay una subordinación de los intereses nacionales a los intereses partidistas o ideológicos. Incluso cuando se sigue hablando de Democracia o dictadura y no de Nación o Colonia. Se pone el carro delante del caballo. Y así se llevan puesta también la causa de Malvinas”, le dice a Revista la U.

    Salcedo es autor, entre otras obras, de “San Juan, su Historia. Desde los orígenes a la actualidad”, aún inédita. En un adelanto de su tercer tomo que compartió con esta revista, titulado “Del Cantonismo a la Guerra por Malvinas 1923 – 1982”, señala: “Después del olvido y abandono de nuestros héroes, la desmalvinización consistió en un borrón y cuenta nueva, como si nada hubiera pasado y como si nada se hubiera aprendido del enfrentamiento a sangre y fuego contra nuestros consuetudinarios enemigos, enfrentamiento del que, al parecer, muchos abjuraron, catalogándolo de ‘aventura irresponsable’».  

   Pero en esa obra, este autor sanjuanino y ex docente de la UNSJ,  también remarca que “la guerra por Malvinas trajo aparejada la prohibición de pasar música anglosajona por las radios; los programadores del momento debieron recurrir a las grabaciones previas en existencia de artistas argentinos (…)  Por esa razón (y más allá de las intenciones o previsiones del gobierno militar), el público joven de aquella época conoció de hecho esas expresiones musicales que la dictadura había marginado hasta ese momento”. Esa fue la época en que también comenzaba a tener auge el denominado rock post Malvinas, resultado de esa prohibición de música en inglés en las radios. «Una consecuencia de la guerra de las Malvinas fue la total difusión de temas cantados en castellano, en parte por una pauta de las radios (que de golpe descubrieron la amplia discografía del rock en castellano) y también porque en los primeros días de abril la gente llamaba para protestar si se pasaba algún tema en inglés (…) Aún sin saber qué hacer ante la guerra, los músicos locales atinaron a seguir su ritmo de trabajo, algunos ilusionados con la posibilidad de realmente recuperar las islas y otros descorazonados ante la ceguera de la gente que apoyó la justa causa«, describe Marcelo Fernández Bitar en su libro «Historia del Rock en Argentina», confirmando el apoyo de la sociedad al desembarco argentino en el Sur. 

Gran Bretaña perdió la guerra

   Lo cierto es que, si bien expresiones culturales crecieron al abrigo de aquellas censuras, no se trata de prohibir nada sino de estimular la creatividad y el trabajo argentino en andas del desarrollo nacional, o de estimular el desarrollo nacional a caballo de la creatividad, sumando aperturas a la conciencia histórica. Aunque ha habido en los últimos años políticas de reivindicación de la gesta por Malvinas, Argentina todavía tiene mucho por hacer en la tarea de remalvinizar, que implica advertir la presencia del imperialismo y erradicarlo de esta democracia. El imperialismo atasca el país, lo bloquea, aleja a Argentina de cualquier intento de desarrollarse de verdad. “Las Fuerzas Armadas que habían entregado el poder económico durante siete años a los abogados de Inglaterra y Estados Unidos, se enfrentaron con los amos imperiales y rompieron a cañonazos esa alianza. Por esa causa, Gran Bretaña ganó una batalla y perdió la guerra”, sostiene Abelardo Ramos. Remalvinizar va en ese sentido: que el imperialismo, con su dominio cultural y financiero, siga perdiendo guerras en estas tierras.

Fuentes digitales:

https://www.facebook.com/humorregistradoweb 

https://acortar.link/keZqk5

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