Revista La U

García Márquez y el realismo mágico como arma contra el imperialismo

Federico Cabrera, docente de la cátedra Literatura Hispanoamericana II de la UNSJ, analiza la influencia política de los títulos del escritor colombiano. “Cien años de soledad” como emblema de su legado y el repaso por una obra considerada como “una politización de las prácticas estéticas”.  

Por Pablo «Zama» Bustamante

La peste del insomnio golpea fuerte a Macondo y sus habitantes pierden la memoria. En un escenario desesperante optan por colocarle nombre a cada objeto para no olvidarlos. Las palabras también se desvanecen y hasta los Buendía dejan de recordar sus identidades.

Gabriel García Márquez refiere así a la memoria como algo fundamental para conservar la identidad de un pueblo y advierte sobre el peligro que representa el olvido absoluto. Porque perder la memoria puede devenir en una ineludible repetición de errores.

Su obra maestra, ‘Cien años de soledad’ (1967), es una crítica a la historia de opresión que tiene el pueblo latinoamericano. “Esa novela es el emblema, porque es como la síntesis máxima: por su posición política, por la manera de contar, la estética que propone y las alegorías que utiliza para narrar a América Latina”, dice Federico Cabrera (37), profesor titular de Literatura Hispanoamericana II en la carrera de Letras de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ).

Federico Cabrera, profesor de la UNSJ.

En el mes del aniversario del fallecimiento del escritor y periodista (17 de abril de 2014), Cabrera recorre algunos de los títulos del escritor colombiano y recuerda que en la obra precedente a ‘Cien años de soledad’ aparece, por ejemplo, ‘La hojarasca’, en donde “empieza a plantear la idea del extractivismo”.

También suma a ‘El otoño del patriarca’, en donde habla de la soledad del poder, y ‘El general en su laberinto’, que es “una novela ultra melancólica en la que vuelve a la figura de Simón Bolívar una vez derrotado y partiendo al exilio”.

Entre sus sueños de “la América grande a la América toda, esa novela, por ejemplo, es un gran proyecto político que juega con la metáfora y con el lenguaje poético de pensarla pragmáticamente”.

El profesor de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes (FFHA) define a la literatura del Premio Nobel como “una politización de las prácticas estéticas”. “Para mí ‘El general en su laberinto’ es la novela en la que más resuena y en la que más respeto hay al momento de pensar la localización de la política en nuestro continente”, analiza.

Y rubrica que “‘El otoño del patriarca’ es también otra novela en donde juega explícitamente la figura del tirano poseído con todas sus fantasías, su auto persecución, sus fantasmas que lo castigan en la mente”.

“Me queda en el pensamiento siempre ‘El coronel no tiene quién le escriba’ como una de las grandes novelas con una metáfora para pensar a todos los desplazados y todos los postergados de estas sociedades”, agrega.

Cabrera refiere, además, que hay “un ciclo posterior –a los clásicos- del colombiano al que no se le presta tanta atención”, quizás porque esa etapa “no fue tan exitosa o tan lograda”. Allí nombra a ‘Noticia de un secuestro’, en donde exhibe “un contexto un poco más realista”, similar a lo que ocurre con ‘Relato de un náufrago’.

Posición política

El docente de Letras no solo recuerda que García Márquez siempre estuvo relacionado con el progresismo, sino que “fue uno de los pocos intelectuales que no rompió con la causa cubana, como ocurrió con el caso de –Heberto- Padilla en el ’71 (que fue muy crítico)”.

García Márquez “siguió en contacto con Cuba, siempre vinculado con la causa socialista y con la izquierda latinoamericana, algo que no pasó con el resto de sus compañeros de generación”.

Para Cabrera, si bien el máximo exponente del realismo mágico estaba “en contra del colonialismo, del imperialismo norteamericano y en sus novelas lo dejó claro”, es difícil inferir cómo reaccionaría en el nuevo contexto. “La situación actual de Cuba no es la misma que había cuando él falleció, tampoco es la misma en Venezuela”, señala.

García Márquez es considerado como “una figura muy relevante para entender la trayectoria de la literatura y del pensamiento latinoamericano”. Además fue “uno de los últimos grandes intelectuales o autores que han ocupado distintos roles en la sociedad”, porque se desempeñó “en el ámbito educativo, en el periodismo (‘Entre cachacos’ reúne parte de su obra en ese oficio), la literatura e intervino en el campo de la política”.

También pensar en su obra es entender que publicó 30 libros de alta calidad, muchos de los cuáles “se han detenido a reelaborar las imágenes de la literatura precedente e inaugurar nuevas imágenes para el presente y el futuro latinoamericano”.

Fue heredero de “grandes proyectos como el de –Jorge Luis- Borges”, mientras que “de –Julio- Cortázar fue contemporáneo”. “García Márquez junto con sus compañeros de generación empezaron a modernizar la literatura latinoamericana. Por eso es tan central en la década del 60 y del 70, porque es el momento de mayor auge y modernización de la literatura”, repasa el profesor de la carrera de Letras.

La influencia del Gabo es “continental y mundial” y, pese a que este “es un país que por momentos fue muy resistente al ingreso de lo latinoamericano y al realismo mágico”, el caso de ‘Cien años de soledad’ (editado por primera vez en Argentina y Barcelona) “fue un gran éxito desde el primer momento en que se publicó. La mayoría de los programas universitarios –explica el docente- han incluido algunas de sus lecturas y en las currículas del secundario siempre nos vamos a encontrar con algunos de sus textos más clásicos, como ‘Crónica de una muerte anunciada’ y ‘Relato de un náufrago’”.

Realismo mágico

“Me parece que es importante que cuando hablemos de realismo mágico, en el caso de García Márquez recuperemos que es un realismo mágico que está muy involucrado con un posicionamiento político y antropológico. Es pensar cómo ha sido contada América Latina desde su ‘descubrimiento’, entre comillas, hasta el momento en que él empieza a escribir”, analiza el profesional de la FFHA.

Además, apunta que en su propuesta de realismo mágico, el autor buscó “desnaturalizar el exotismo con el que fue contada” esta parte de América. Entonces es una propuesta “epistemológica y políticamente comprometida en dar vuelta el margen: contar con los pies puestos en el Sur y no con los ojos en el Norte”.

Para él, la publicación de ‘Cien años de soledad’ es el punto cúlmine del realismo mágico latinoamericano.

Así, el profesor asegura que esa etapa “generó en el campo literario posterior distintas reacciones. Por un lado dio lugar a valoraciones negativas de toda una generación de escritores que rechazó de plano esa categoría, por considerar que encasillaba y condenaba a la repetición”.

Aunque aclara que “la fama de García Márquez era tan importante que logró expandirla y exportarla al resto del mundo. Hoy se pueden encontrar ciertas huellas de la estética del realismo mágico en literatura de afuera de América Latina, como la asiática o la europea”. Es decir que “se ha convertido en una categoría más cosmopolita, es como una materia de exportación”.

La producción de García Márquez tiene la potencia de que nos da una metáfora muy grande para pensar la historia del continente, y es una historia que si la hubiéramos leído hace unos años o si la leemos hoy siempre la vemos reflejada”, argumenta Cabrera.

Y concluye: “Estamos metidos en ese gran círculo y esa gran metáfora que es ‘Cien años de soledad’”.

“El letrero que -José Arcadio Buendía- colgó en la cerviz de la vaca era una muestra ejemplar de la forma en que los habitantes de Macondo estaban dispuestos a luchar contra el olvido: ‘Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la leche hay que hervirla para mezclarla con el café y hacer café con leche’. Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita”.

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