
A días de los últimos ruidos que dejó el Mundial de Fútbol, el antropólogo de la UNSJ Diego Garcés analiza conductas argentinas y cae en la cuenta de que, en este país, aunque no sea el más racista del mundo, sí hay racismo. La filósofa Esther Díaz recuerda que “fuimos los primeros en América en liberar a los esclavos”. A todo esto, el partido Argentina vs Antiargentina se juega en los días que corren.
Por Fabián Rojas
El economista Alfredo Zaiat suele decir que en Argentina hay dos variables que cruzan la subjetividad del electorado. Son el dólar y la inflación, algo a lo que denomina “traumas económicos”. Al margen de los dolores que producen, y seguramente por eso, dólar e inflación ocupan insistentemente la agenda de medios y preocupaciones en cualquier foro. Por eso es que aparecen como una parte fija en la preocupación del ser argentino. También el economista argentino Aldo Ferrer escribía en un ensayo titulado “La enfermedad argentina” que en los ‘90, en el gobierno Menem, fue repetido un diagnóstico errado, el de que “la responsabilidad de todos los males de la economía argentina radica en el déficit fiscal”. El déficit fiscal pareciera otra marca. Inflación, dólar, déficit fiscal: palabras repetidas hasta enfermar. “Traumas”.
Pero también asoman otros “traumas”, menos economicistas. Suelen emerger seguido y a veces gracias a sucesos que los eyectan hacia la superficie.
Uno de esos acontecimientos fue el reciente Mundial de Fútbol, con la hinchada argentina, su aguante y la mirada hacia el otro/a y del otro hacia Argentina. Y el otro extranjero dijo que Argentina es un país racista. El antropólogo Diego Garcés, docente de la Universidad Nacional de San Juan, trae un ejemplo del posible porqué de esas miradas acusadoras: “En ese “Cantar ‘Juegan en Francia, pero son todos de Angola…’ está marcando la negritud de los jugadores franceses. De algún modo el canto dice: ‘Nosotros somos más franceses que ustedes’, y eso es la conjugación brutal del racismo con ‘la argentinidad’”.

Diego Garcés
Es allí cuando emerge otra marca y Garcés también habla de trauma. “Afirmar que Argentina es el país más racista del mundo es tan absurdo como creer que aquí no hay racismo. En la Argentina hay un trauma frente a la negritud, la piel oscura se marca. No importa si es negativa o positivamente, no importa cuán negro se es frente al supuesto blanco, alguien siempre es el “negro” de otro y eso a veces cruza las fronteras del alma. No es únicamente un problema de piel, Argentina es tan racista que tener una conducta considerada impropia o ilegal es motivo suficiente para ser considerado ‘negro’ aunque se trate de alguien arquetípicamente blanco”, sostiene.
Consultada por Revista U, la filósofa y epistemóloga Esther Díaz exhibe una mirada más benévola de las actitudes argentinas en sus escenificaciones ante el mundo. “Tenemos, como cualquier país del mundo, elementos racistas, pero ahora los amplifican”, dice la doctora en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, en referencia a la denominada mediáticamente “campaña antiargentina”. “Es cierto que en nuestra Selección no hay jugadores negros, pero la población afrodescendiente representa solo el 0,7 por ciento de nuestra población. No somos colonialistas como los europeos que fueron esclavistas furiosos y ahora tienen como ciudadanos a los descendientes de sus colonias, pero también es cierto que a la población afrodescendiente argentina se los mandó a la inicua guerra de la Triple Alianza, aunque acá hubo una cantidad muy inferior de los esclavos que fueron explotados por Brasil, pongamos por caso. Y hay que agregar a nuestro favor que fuimos los primeros en América en liberar a los esclavos, aunque es preciso reconocer que hay cierta discriminación con los ciudadanos de algunos países vecinos, no con todos”, añade.

Ya terminado el mundial y con las declaraciones públicas del Presidente argentino sobre otros mandatarios, como el caso del Presidente brasileño, quizás habría que pensar si esas actitudes por el mundo influyen en la visión del mundo hacia Argentina.
¿Qué puede irritar de la llamada “argentinidad” en personas extranjeras? Diego Garcés es contundente. Afirma que lo que puede irritar es “justamente creer que existe algo así como la argentinidad”. “El hecho de considerar que por ser argentinos provenimos de una tierra sagrada, moldeada por las manos de dioses y que esto nos hace singulares, puede resultar poético o bonito, pero en realidad es algo que, exacerbado, termina siendo xenófobo”, lanza
Para Esther Díaz, lo que molesta «es que tengamos autoestima, que destaquemos en casi todos los deportes, que hemos ganado cinco premios Nobel, que logramos tener un Papa argentino, que seamos la capital sudamericana de la cultura, con muchísimas librerías, universidades prestigiosas, capacidad de recuperarnos de tantos golpes cívico-militares que sufrimos y que hayamos enjuiciado a los dictadores mientras en otros lugares, como España, por ejemplo, todavía se conserven monumentos en honor a su dictador máximo, que fue Franco”.
Es un sentimiento
Lo que despertó la bandera exhibida por los jugadores argentinos al finalizar el partido contra Inglaterra se configura como uno de esos momentos señeros de la Historia. Imágenes similares se fueron repitiendo luego en canchas argentinas, en el futbol argentino, en la vida argentina. “Lo más bello de ese trapo es que devolvió al fútbol algo de la rebeldía que viene perdiendo. Demostró que todos sabían que era mucho más que un partido de fútbol. Socialmente creo que está sirviendo para despertar el sentimiento nacional que, en primera instancia, hasta logró suspender el tratamiento de una ley que pone en juego la soberanía territorial del país”, refiere Garcés.
“Agreguemos que a nivel geopolítico nos favoreció. A partir de ese gesto el mundo se enteró de la ocupación pirata inglesa a una provincia argentina, las Islas Malvinas, y del crimen de guerra cometido por Margaret Thatcher contra cientos de pibes muertos en el hundimiento del General Belgrano, que se encontraba fuera de la zona de combate y se dirigía en dirección contraria al territorio en conflicto. Más de diez millones de personas se enteraron de la infamia y se siguen multiplicando por las redes sociales y los medios en general”, historiza y enfatiza Esther Díaz.
Negro y marrón
Tal vez también cabe la pregunta sobre si el hecho de que en Argentina se tilda de “negro” o -bien actualmente- de “marrón” al otro u otra, suma a la valoración de racista a este país. “Esas expresiones y su reiteración en el habla cotidiana son una demostración de una discriminación racializante muy poderosa y difícil de desmontar. No se trata de un dicho al azar. En nuestro país hasta la crisis económica es explicada culpa de los ‘negros de mierda que mantenemos con nuestros impuestos’”, define Garcés.
La campaña real
Por ello, como consigna este antropólogo, es esperable estar despiertos, despiertas. La campaña antiargentina actual, desde adentro y desde afuera, no es humo para hacer olvidar la final de fútbol perdida contra España. Es real. Garcés alerta: “La ley que obtuvo media sanción ayer, a pesar del retiro de dos capítulos clave, el de extranjerización y el del manejo del fuego, constituye en igual medida una agresión a nuestro país. Además, diputados podría insistir en votar el proyecto original y eso sería una victoria y no una derrota para el gobierno”.