
Imágenes: Laura Godoy y Sebastián Correa – Otto
La Dra. Laura Godoy y el Dr. Sebastián Correa-Otto, investigadores del Instituto Geofísico Volponi de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNSJ, regresaron de la Campaña Antártica de Verano 2025-2026. En una experiencia que combinó rigurosidad científica y supervivencia en carpa, aplicaron técnicas de sísmica pasiva para medir el espesor de glaciares, reafirmando el valor de la educación pública argentina en el continente blanco. Va este texto como homenaje en el Día de la Ciencia y la Tecnología de este 10 de abril.
Por Daniela Albarez
La soberanía no solo se ejerce con la presencia territorial, sino también con el conocimiento. Bajo esa premisa, las/os investigadoras/es del Instituto Geofísico «Volponi» de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFN) de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), completaron una misión fundamental en la Antártida entre el 31 de enero y mediados de marzo.
La Dra. Laura Beatriz Godoy y el Dr. Sebastián Correa-Otto formaron parte de la Campaña Antártica de Verano 2025-2026, organizada por la Dirección Nacional del Antártico. Su labor se centró en un proyecto colaborativo con la Dra. Carla Puigdomenech (egresada de la FCEFN e integrante del Instituto Antártico Argentino) para determinar el espesor de glaciares cercanos a la Base Marambio mediante tecnología de avanzada.
Ciencia de escucha: la Sísmica Pasiva
A diferencia de los métodos tradicionales, las/os investigadoras/es emplearon sísmica pasiva, una técnica que utiliza sismógrafos —similares a los que registran terremotos en San Juan— para «escuchar» el ruido ambiental (viento, microclima, vibraciones de la tierra).
«No sabemos exactamente el espesor de hielo que hay y esto es una reserva hídrica vital. Al medir el ruido ambiental, podemos estimar la velocidad de la capa de hielo y determinar cuánto hay antes de llegar a la roca», explicaron. El glaciar analizado está por cumplir 30 años de monitoreo, un hito que lo integra a un catálogo de inventario permanente como recurso estratégico.
El rigor del terreno
La labor científica en el continente blanco dista mucho de la comodidad de un laboratorio. Acamparon a 50 kilómetros de la Base Marambio, durmiendo en carpas y utilizando un contenedor como refugio para cocinar.
«Eran caminatas largas, de unos 45 minutos de escalada por roca para llegar al glaciar. Salíamos a las 11 de la mañana y volvíamos a las 9 de la noche. El glaciar en verano es traicionero; la nieve cede y te hundís en ríos subterráneos a pocos centímetros», relataron.
A pesar de las limitaciones —como las duchas de tres minutos con agua calentada en garrafas o una dieta basada en enlatados y harinas— ambos coinciden en que la experiencia humana y profesional fue inigualable.
Resultados preliminares y soberanía
Aunque los datos finales están en proceso de análisis para ser presentados en agosto en el Congreso de Oslo (Noruega), los resultados a priori muestran una correlación con el retroceso glaciar esperado. «El Instituto Antártico tenía datos de hace 13 años y, efectivamente, se encontró que el espesor ha bajado», señalaron.
Más allá de los números, la participación de la UNSJ en esta campaña subraya una postura política y académica clara. Sebastián Correa-Otto fue enfático al respecto: “Hacer ciencia en la Antártida es defender nuestra soberanía como pueblo, conocerla a través de la ciencia, remarcando el valor de nuestra educación pública, gratuita y de calidad”.
Esta colaboración también permitió que las/os investigadoras/es participaran como colaboradoras/es en estudios sobre ritmos circadianos y luminosidad junto a científicos de Mendoza, que estaban en la base, utilizando sensores para medir cómo la luz extrema del polo afecta el ciclo de sueño humano.
El regreso a casa
Tras semanas de desconexión y trabajo intenso, Godoy y Correa-Otto ya se reintegraron a sus funciones en San Juan: ella en sismología volcánica y él en el estudio de megaterremotos y la docencia en Geofísica y Astronomía. Ambos destacaron el apoyo incondicional de sus familias, pilar fundamental para sostener una carrera científica que, en ocasiones, exige habitar los confines del mundo.
Entre sismógrafos, caminatas sobre glaciares y noches en carpa, las/os científicas/os de la (FCEFN) reafirmaron que el conocimiento público es la herramienta más sólida para la defensa del territorio nacional.
