Saberes
para andamiar otros saberes
ESCRIBE
Luis Garcés
Profesor de Filosofía y Pedagogía
Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes - UNSJ
Atravesamos una fase de la economía
en nuestro sistema capitalista en la cual parece que el sistema
debiera convivir con un amplio núcleo de desocupados,
lo que comienza a minar muy fuertemente las bases estructurantes
de la sociedad, en la medida en que sus consecuencias de marginación
y exclusión, impiden al individuo organizarse socialmente,
tener inserción en la sociedad, desarrollar un rol
que a su vez constituya su identidad.
Nuestra historia muestra un transcurso
de desvínculo entre educación y trabajo; la
matriz cultural argentina diseñó un sistema
cuya función fue política y no económica.
Durante más de un siglo la propia sociedad resistió
la implantación de modelos educativos segmentados capaces
de establecer un vínculo positivo entre educación
y trabajo. Sin embargo, nuestras experiencias históricas,
que comienzan con Sarmiento creando la Quinta Agronómica
y la Escuela de Minas, fueron sedimentando en la construcción
de un subsistema de educación para el trabajo, constituido
por las escuelas de Artes y Oficios, y posteriormente las
escuelas técnicas fuertemente impulsadas desde el CONET
en los sesenta.
Pero nunca pudimos constituir una trama
en donde el problema del trabajo atravesara el conjunto de
la formación que el sistema educativo brinda, lo que
ha ido desvalorizando fuertemente esa relación, junto
a la caída del valor trabajo en el conjunto de la sociedad
ocurrido en las últimas décadas.
Sin embargo, la Argentina de hoy expresa
síntomas distintos: ha bajado el desempleo, hay reactivación
productiva, y desde un amplio arco de la dirigencia parece
desafiarse esa tendencia epocal hacia la constitución
de sociedades desancladas del trabajo, por lo que estamos
ante una oportunidad histórica para replantearnos el
sentido de la escuela, para que las palabras educativas se
reconecten con la producción y el empleo, para que
los saberes socialmente productivos presidan la transmisión
del conocimiento entre generaciones y puedan andamiar nuevos
saberes capaces de construir un futuro social de mayor inclusión.
¿Qué decimos cuando decimos
“saberes socialmente productivos”? Queremos superar
la fragmentación de la política educativa de
los noventa, que redujo la educación para el trabajo
a simples competencias.
Planteamos la idea de que un saber socialmente
productivo no es simplemente una formación para una
determinada disposición que le permita a un individuo
operar una máquina u ocupar eficientemente un puesto
de trabajo particular, sino que hablamos de cuál es
el sentido, en toda la formación de un individuo, del
trabajo en una sociedad. Planteamos la posibilidad de que
existe una serie de saberes que son capaces de andamiar otros
saberes para posibilitar esa inserción del individuo,
y pensamos en el trabajo en términos de organizador
y estructurador de lo social.
No pensamos exclusivamente en individuos
capaces de operar una máquina. Lo que no deja de ser
necesario sino que en todo caso resulta absolutamente insuficiente.
Desde esa perspectiva es que planteamos el proyecto.
“Interpelar al mundo del trabajo”
tiene el sentido de salir de la burbuja académica de
un proyecto de investigación y ponernos en contacto
con amplios sectores de la sociedad a efectos de poder contrastar
nuestras ideas, hipótesis y perspectivas del problema
con actores que viven desde el otro lado cotidianamente el
problema de la formación para el trabajo.
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