Universidad Nacional de San Juan - Argentina - Junio 2006 - Año III - Nº 21

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Saberes
para andamiar otros saberes

ESCRIBE
Luis Garcés
Profesor de Filosofía y Pedagogía
Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes - UNSJ

Atravesamos una fase de la economía en nuestro sistema capitalista en la cual parece que el sistema debiera convivir con un amplio núcleo de desocupados, lo que comienza a minar muy fuertemente las bases estructurantes de la sociedad, en la medida en que sus consecuencias de marginación y exclusión, impiden al individuo organizarse socialmente, tener inserción en la sociedad, desarrollar un rol que a su vez constituya su identidad.

Nuestra historia muestra un transcurso de desvínculo entre educación y trabajo; la matriz cultural argentina diseñó un sistema cuya función fue política y no económica. Durante más de un siglo la propia sociedad resistió la implantación de modelos educativos segmentados capaces de establecer un vínculo positivo entre educación y trabajo. Sin embargo, nuestras experiencias históricas, que comienzan con Sarmiento creando la Quinta Agronómica y la Escuela de Minas, fueron sedimentando en la construcción de un subsistema de educación para el trabajo, constituido por las escuelas de Artes y Oficios, y posteriormente las escuelas técnicas fuertemente impulsadas desde el CONET en los sesenta.

Pero nunca pudimos constituir una trama en donde el problema del trabajo atravesara el conjunto de la formación que el sistema educativo brinda, lo que ha ido desvalorizando fuertemente esa relación, junto a la caída del valor trabajo en el conjunto de la sociedad ocurrido en las últimas décadas.

Sin embargo, la Argentina de hoy expresa síntomas distintos: ha bajado el desempleo, hay reactivación productiva, y desde un amplio arco de la dirigencia parece desafiarse esa tendencia epocal hacia la constitución de sociedades desancladas del trabajo, por lo que estamos ante una oportunidad histórica para replantearnos el sentido de la escuela, para que las palabras educativas se reconecten con la producción y el empleo, para que los saberes socialmente productivos presidan la transmisión del conocimiento entre generaciones y puedan andamiar nuevos saberes capaces de construir un futuro social de mayor inclusión.

¿Qué decimos cuando decimos “saberes socialmente productivos”? Queremos superar la fragmentación de la política educativa de los noventa, que redujo la educación para el trabajo a simples competencias.

Planteamos la idea de que un saber socialmente productivo no es simplemente una formación para una determinada disposición que le permita a un individuo operar una máquina u ocupar eficientemente un puesto de trabajo particular, sino que hablamos de cuál es el sentido, en toda la formación de un individuo, del trabajo en una sociedad. Planteamos la posibilidad de que existe una serie de saberes que son capaces de andamiar otros saberes para posibilitar esa inserción del individuo, y pensamos en el trabajo en términos de organizador y estructurador de lo social.

No pensamos exclusivamente en individuos capaces de operar una máquina. Lo que no deja de ser necesario sino que en todo caso resulta absolutamente insuficiente. Desde esa perspectiva es que planteamos el proyecto.

“Interpelar al mundo del trabajo” tiene el sentido de salir de la burbuja académica de un proyecto de investigación y ponernos en contacto con amplios sectores de la sociedad a efectos de poder contrastar nuestras ideas, hipótesis y perspectivas del problema con actores que viven desde el otro lado cotidianamente el problema de la formación para el trabajo.

 

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