Revista La U

El último pogo del Indio

Edición Especial: El país del Indio

Por Marcela Ormeño

El 5 de junio el mundo entero pudo ver y participar de la última manifestación multitudinaria generada por el Indio Solari. Lamentablemente no fue con motivos festivos como lo era con sus conciertos, sino que tras conocerse el deceso de Carlos Alberto Solari, la familia y el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires decidieron realizar un velorio público para permitirles a sus fans despedirlo.

La histórica y masiva despedida se extendió por 18 horas y reunió a cerca de un millón de fanáticos que hicieron filas de hasta 8 kilómetros, una peregrinación que se extendió por más de 70 cuadras, con un promedio de 15.000 personas por hora ingresando a la capilla ardiente montada dentro del complejo deportivo “José María Gatica”. La ceremonia finalizó pasadas las 4 de la madrugada del siguiente día.

Al igual que en sus conciertos, este más de medio millón de personas se acercaron para dejar banderas, camisetas y flores, algunas llegaron en micros provenientes de distintas provincias mientras que miles más se acercaron por sus propios medios pese a las lluvias y al frío.

El Indio Solari, fundador de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, era un fenómeno de participación popular sin precedentes y fue el ideador del “pogo más grande del mundo”. Durante más de cuatro décadas su música, su poesía y el baile alojaron a varias generaciones con el increíble poder de transformar el sentir de sus fans.

El “pogo más grande del mundo” se denomina al momento en que decenas de miles de personas saltan al unísono al ritmo de la canción «Ji ji ji». Es un ritual que conjuga euforia, comunión entre fanáticos y mística.

Para hablar de este fenómeno dialogamos con el Mg. Maximiliano Martínez, quien es doctorando en Ciencias Sociales, magíster en Historia, profesor de Enseñanza Media y Superior en Historia, licenciado en Historia, miembro activo y vocal de la Asociación de Historia Oral de la República Argentina (AHORA) y de la Red de Estudios Históricos del Deporte en América Latina (REHDAL). Ha realizado sus investigaciones vinculando la Nueva Historia Cultural con temáticas centradas en el deporte, el fútbol, la educación y la música popular.

Martínez empezó describiendo al pogo como una “intercorporalidad propia de muchas culturas del mundo que tienen esta práctica de saltar hacia arriba y hacia los costados y quizá los más conocidos de todos sean la tribu Masai de África, que realizan esta práctica corporal, de las más sencillas para canalizar la alegría o hasta podríamos llegar a decir, la agresividad, entendiendo la diferenciación que la psicología hace de ser agresivo y ser violento, el baile puede ser agresivo pero no violento, porque la violencia ya pasa a otros campos y a otros lugares, mientras que la agresión puede ser controlada y hasta comprendida”.

El pogo no fue incorporado a la cultura musical moderna por el Indio Solari sino que fue el punk quien inició con esta práctica. Maximiliano Martínez sostuvo que fue así “por ser un movimiento de más resistencia, más crítica, más rebeldía y hasta en algunos casos de mucha más violencia, por lo que les sucedió a los sectores obreros en plena crisis del neoliberalismo inglés. (…) Sin embargo es Solari quien en la República Argentina toma esa práctica corporal y que podríamos denominarla lúdica también, porque hay algo de juego en el medio que luego se vuelve tan importante en el rock, ya que en el mundo las demás bandas de rock no lo habían incorporado, sino hasta después de que se hizo en la República Argentina”.

“Las y los argentinos le dimos mucha importancia a esta movida, en especial las y los jóvenes de la década de fines del 70 y principios del 80 que fueron las/os primeros que transitaron y se apropiaron de la música de los Redondos y de la música del Indio, como un dispositivo de resistencia y de oposición a la crisis del proceso de reorganización nacional y de toda esa violencia estatal que se había aplicado sobre esa juventud en ese momento específico”, continuó contextualizando el profesor de historia.

“El pogo del Indio era un ritual esperado, un ritual de iniciación para quienes por primera vez observaban esta práctica corporal; hoy en día se lleva adelante en casi todas las bandas de rock, y casi todas tienen un tema que habilita ese momento ritual. (…) Y si bien verlo por primera vez genera miedo, el pogo tiene esa característica propia de una práctica ritual de iniciación, que requiere atravesar el miedo para poder ser feliz, o para poder ser reconocido por los demás. (…) Desde afuera te atemoriza, pero cuando entras a ese pogo, es un ritual que tiene un montón de prácticas que están medidas y controladas, por ejemplo si alguien se desploma no lo pisan, le ayudan a levantarse, o si a alguien se le cae algo, se lo levantan y se lo entregan; mientras que a aquel que entra al pogo violentamente o a imponer violencia, y no a ser parte, es sacado automáticamente o se le practican otro tipo de cuestiones”, describió Martínez.

“Como toda práctica ritual -siguió explicando el historiador-, y que busca iniciar a alguien, tiene una reglamentación tácita, no está escrita en ningún lado, pero que se impone; y obviamente desde afuera se ve violenta y terrorífica, pero si se observa las caras de aquellos que están participando dentro, están extremadamente felices”.

Continuando con el análisis, Maximiliano expresó: “Yo creo que el Indio era un dispositivo cultural, como lo es el fútbol, y como todo dispositivo cultural es donde abrevan las necesidades o los deseos sociales que muchos tenemos. (…) Y como somos seres sociales, esa socialidad que en casi todos nosotros tiene una primitividad, se expresa en ese momento. (…) El baile es una práctica lúdica, donde las personas se divierten y qué mejor que al baile, la felicidad, la alegría compartirlo con otros y otras. (…) En la Argentina, y también en el mundo, podemos relacionar al pogo con el fútbol, el pogo podría ser una proyección de la tribuna de una cancha, porque éstas son anteriores a la aparición del rock y del pogo, y porque justamente, dentro de una tribuna, es el lugar donde casi todos somos iguales y a nadie le interesa la situación económica, cultural o educativa de las y los demás, todos/as compartimos la alegría cuando se hace el gol y nos abrazamos, saltamos, cantamos,  bailamos y de la misma forma que cuando estamos en el medio del recital. (…) Vos no sabes con quién estás al lado, puede ser un individuo rico, pobre, un asesino,  un ladrón, un multimillonario, un gerente de un banco, pero vos saltas y te unís, es donde se iguala esta cuestión gregaria que es la necesidad estar juntos”.

Intentar comprender el fenómeno del Indio no es fácil. La complejidad está dada porque una única figura, desde distintas bandas musicales, por muchas décadas, convocó a un sinnúmero de personas de distintas franjas etarias, posición social, dispuestas a trasladarse a cualquier parte del país donde el ídolo daba sus recitales, sin importar la distancia, el tiempo, la situación climática, la magnitud de la concentración, etcétera.

Cómo entender este fenómeno, también lo explicó Maximiliano Martínez: “El Indio es el pináculo de toda esta cuestión, era la máxima expresión de popularidad del rock nacional, y esto como fruto de su música, de su poética, de su narrativa tanto escrita como latente, y digo latente porque todo lo que producía estaba fuera del aparato publicitario, del aparato comercial, del mercado capitalista. (…) Los recitales del Indio, antes cuando no existían las redes sociales ni los teléfonos celulares, se conocían de boca en boca, se pegaban afiches en los lugares donde se llevaban adelante recitales de rock,  y eso hacía que todos y todas supieran que el Indio en un determinado momento iba a cantar en algún lugar. (…) y cuando vos ves que una figura mete en una localidad rural 200.000 o 400.000 personas, y que toda la gente peregrina hacia él, ahí es donde decís, acá hay ciertas cuestiones mágicas, míticas, hablándolo antropológicamente, que lo convierten en ese símbolo cultural donde convergen todas esas necesidades o deseos y hasta goces que tenemos los seres humanos. (…) En un mundo donde pareciera que todo se puede medir, comprar, organizar, ordenar, cerebralizar, esas estructuras que se intentan imponer desde arriba hacia abajo;  aparecen estos fenómenos que rompen positivamente lo anterior, porque justamente la ritualidad del Indio se conformaba de abajo hacia arriba, y es esta construcción la que nos permite analizar todo esto sacando parte a parte para poder comprender un fenómeno que es extremadamente complejo”, desentrañó el historiador.

Para continuar desentrañando sobre cómo el músico movía las fibras más íntimas de sus fans, cómo logró semejante fidelidad, cómo persistió su popularidad en el tiempo, un cantante que no usaba estrategias publicitarias estandarizadas para persuadir masas, el docente universitario siguió explicando que ésto tiene que ver con la narrativa de Solari: “La palabra es lo que nos construye, nos deconstruye y nos destruye, es donde quizás se cimenta la importancia del Indio sumado a toda esta cuestión ritualidad mágica de encontrarse con otro/a, porque primeramente uno se encuentra con otro/a en la palabra, en el lenguaje, en lo que se piensa, en lo que se dice, y finalmente en lo que se hace. (…) Y por otro lado, en compartir con otro/a, todas esas sentimentalidades que se tiene, disfrutando en un determinado momento, donde dejan de lado quizás, las cosas malas que sintieron, que sufrieron , porque es como darle un fin a un ciclo que puede ser de sufrimiento, de angustia, de ansiedad, que se disipa justamente en ese recital y que les permite después volver a comenzar un nuevo ciclo de vida”.

“Porque todos/as nos construimos en función de otros/as -siguió explicando el historiador-, y por más que hoy quieran que seamos individualistas, que pensemos solamente en nosotros, que la única salida de todo lo malo, es yo mismo y contra otro/a, eso es un error garrafal, destructivo y por eso el Indio era tan importante, porque te hacía ver que la única forma de salvarse era con otro/a y desde otro/a, todos/as juntos/as tirando para un mismo lugar. (…) Y el pogo es justamente eso, todos/as juntos/as saltando en un mismo lugar y disfrutando para salir de una situación terrible, esperando a que llegue “ese momento”,  (porque todos esperábamos Ji ji ji), para hacer que esa energía explote, drene, salga y seamos felices”.

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