
La Fundación fue un proceso de encuentro (para nada pacífico), conflicto y transformación. La historia sanjuanina merece conectar ese pasado con la presencia actual de las comunidades huarpes y diaguitas en el territorio sanjuanino.
Edición especial Aniversario Fundación de San Juan
Escribe Belén Ferrer Torrent
Es cuestión de rascar un poco para conocer las razones por las que se fundó esta tierra cuyana. Teresa Michieli, historiadora y ex directora del Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo “Mariano Gambier”, explica en el texto “Proceso Fundacional de las ciudades de Cuyo en el Siglo XVI” (1) que ese proceso fundacional de las ciudades de Cuyo en ese siglo no respondió a un plan ordenado de expansión territorial, sino a necesidades concretas de la colonia española en Chile. La autora sostiene que la fundación de ciudades fue una herramienta política, económica y estratégica del Estado colonial, sostenida muchas veces por iniciativas privadas y apoyada en el uso del trabajo indígena. En el caso cuyano, cuestiona la idea tradicional de las “corrientes colonizadoras” y plantea que la ocupación y fundación del territorio surgió principalmente por el interés chileno en conseguir recursos y, sobre todo, mano de obra indígena.
Desde esa perspectiva, las fundaciones de Mendoza y San Juan aparecen vinculadas directamente a las dificultades que enfrentaba en Chile Pedro de Valdivia, militar y conquistador español, por la escasez de población indígena disponible para sostener el trabajo agrícola, minero y urbano. La instalación española en Cuyo quiso organizar legalmente el reparto de indígenas mediante encomiendas y facilitar su traslado hacia Chile, donde fueron utilizados como fuerza laboral cuasi esclava. Así, las fundaciones urbanas funcionaron menos como proyectos de poblamiento autónomo y más como mecanismos para asegurar esa mano de obra y consolidar el desarrollo colonial chileno, generando al mismo tiempo un fuerte despoblamiento indígena en Cuyo.
Cuenta Michieli otro dato, el origen de “San Juan de la frontera” no hacía referencia a ninguna frontera real, ya que en la época de su fundación existía en el territorio de la Gobernación de Chile sólo una zona considerada “de frontera”, en decir de lucha permanente con los indios alzados, de la cual la ciudad de Concepción era la avanzada.
La ciudad antes de la ciudad
Francisco Ceballos, historiador y subdirector del Programa Universitario de Asuntos Indígenas (PUAI), comentó que los primeros contactos de españoles conquistadores con las poblaciones originarias de San Juan se dan en torno al año 1551 cuando Francisco de Villagra (otro militar y conquistador español), regresando desde el Perú, atraviesa lo que es el ingreso al territorio argentino desde el norte. En sus registros, llamativamente no hace una descripción de con quienes se encontró.
Ceballos dice que la fundación tuvo una serie de objetivos entre los cuales estuvieron extenderse y abarcar el máximo del territorio, control sobre el camino del Inca, búsqueda de oro con aquellas referencias que habían dado los pobladores a Francisco de Villegra en Marayes, Guadalilán, Famatina para el caso de La Rioja. Por el otro lado, construir un triángulo ofensivo-defensivo, avanzar hacia el Océano Atlántico, conseguir mano de obra para Chile, instalación de encomiendas (sistema de control y explotación socioeconómica) y comunicar Tucumán con Chile. Probablemente, los dos objetivos que mencionábamos anteriormente, conseguir mano de obra para Chile y la instalación de encomiendas, haya cobrado mucha relevancia en el trato que los conquistadores realizaron con los pobladores locales.

Son varios los autores que hacen referencia al trato que recibieron las poblaciones originarias, en especial Omar Cueto de la Universidad Nacional de Cuyo relata la relevancia que va a cobrar la Fundación para la instalación de encomiendas y el incumplimiento de la legislación que organizaba las encomiendas, ya que en numerosas ocasiones y de forma ilegal se trasladaba población nativa al territorio chileno, ya que los encomenderos pertenecían o vivían en Santiago de Chile. Esto no era legal según las Leyes de India, pero fue algo muy habitual y provocó un fuerte despoblamiento de las comunidades, sobre todo huarpes, en el territorio sanjuanino que terminaban residiendo, viviendo y trabajando para encomenderos en el territorio chileno.
Los originarios dieron un grito de guerra
Son numerosas las crónicas que hacen referencia a diferentes rebeliones que se van a dar frente a este maltrato experimentado por las poblaciones originarias de parte de los conquistadores españoles. Si bien la creencia popular reza que los huarpes eran sumisos y pacíficos, esta referencia se dio porque se los comparaba con la fuerza mapuche que dio mucha batalla a los conquistadores.

Durante el siglo XVII y XVIII se dieron situaciones tanto de forma local como adhiriendo a rebeliones un poco más amplias o regionales. Ceballos comenta que tanto pueblos huarpes y diaguitas se rebelaron contra la autoridad colonial. “1632 y 1658 son dos años muy importantes en cuanto a rebeliones contra la autoridad colonial y luego a lo largo del siglo XVIII, 1711-1713 incluso 1720 son años en donde hay una adhesión a rebeliones generales contra el dominio colonial tanto en la región de Cuyo como en el noroeste”.
Un refugio propio entre la arena y los junquillales
Por otro lado, ante los conflictos, huarpes y diaguitas del territorio sanjuanino se fueron refugiando en diferentes centros poblacionales como en Jáchal, Valle Fértil y en las Lagunas de Guanacache, donde el acceso de los conquistadores que los buscaban para ser encomendados era más difícil o inaccesible: “esto garantizó que perduraran los grupos étnicos, sus costumbres, sus tradiciones, y que más allá del proceso de mestizaje o de interacción entre las culturas que fue dando origen o cimiento a la sociedad colonial, no terminó con la extinción del pueblo huarpe y diaguita, como se asevera o se considera en algunas publicaciones científicas de la Universidad Nacional de San Juan y de otras universidades”, afirma el historiador.

En el año 1754 se funda el pueblo de San Miguel de los Sauces (actualmente en Mendoza), donde se reconoce la posición de las tierras donde viven huarpes y de su condición indígena. Tiempo después, en marzo de 1838, el gobierno de la provincia de Mendoza, en este caso, declara a los originarios de las Lagunas de Guanacache, dueños del campo que comprende dicho departamento y que no se han enajenado hasta la fecha y prohíbe admitir denuncia alguna de los terrenos que comprende dicho departamento. “A fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX encontramos a los estados provinciales reconociendo la presencia huarpe en este caso en las inmediaciones de las Lagunas”, confirma Ceballos.
Las referencias
Entre los investigadores y las investigadoras que se han dedicado al estudio de las poblaciones originarias indígenas en el territorio sanjuanino podemos citar a Juan Schobinger, Mons. Paulo Cabrera, Salvador de Benedetti, Salvador Canals Frau y más recientemente Catalina Michelli, autora consultada, y Alejandro García. Al mismo tiempo instituciones de la Universidad Nacional de San Juan, el Instituto Arqueológico Dr. Mariano Gambier y el Programa Universitario de Asuntos Indígenas.
(1) Michieli, C. T. (2014). Proceso fundacional de las ciudades de Cuyo en el siglo XVI: Mendoza, San Juan de la Frontera y San Luis (Argentina). TEFROS, 12(2), 25–46.
Fotografía de Portada: Nicolás Pereyra
Fotografía en el cuerpo de la nota: Belén Ferrer Torrent
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