
Edición especial Aniversario Fundación de San Juan
–Decir que San Juan es una provincia sísmica es repetir una verdad conocida, pero entender cómo la sismicidad esculpió la identidad urbana, científica y cultural requiere una mirada más profunda.
Escribe Daniela Albarez
La Dra. Silvina Nacif, sismóloga de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFN) de la Universidad Nacional de San Juan, invita a recorrer ese mapa invisible pero latente que va desde la fundación de la ciudad en 1562 hasta el día de hoy, analizando cómo el dolor de las catástrofes se transformó en vanguardia del conocimiento.
El quiebre de 1944, de los escombros a las normas de construcción
Nacif comenta cómo marco la sismología el crecimiento y la arquitectura de nuestra provincia: “Si bien el noroeste sanjuanino ya había registrado un terremoto de intensidad máxima (IX en la escala Mercalli) en 1894, fue el trágico sismo del 15 de enero de 1944, de magnitud 7.0, el que marcó un antes y un después definitivo. Con más de 8.000 víctimas fatales, la provincia se vio obligada a refundarse sobre bases completamente nuevas.
Para gestionar esa titánica tarea, el gobierno nacional creó el Consejo de Reconstrucción de San Juan. La necesidad de dar respuestas tecnológicas al desafío de levantar una ciudad sismorresistente impulsó hitos institucionales claves dentro de la universidad: en 1957 nació el Instituto de Investigaciones Antisísmicas (IDIA), dedicado al análisis del efecto de los sismos en las estructuras.
Poco después, en 1958, se inauguró la Estación Sismológica Zonda (actualmente el Instituto Geofísico Sismológico Volponi), bajo la dirección del ingeniero Fernando Volponi. Fue justamente él quien, en 1962, diseñó la primera Zonificación Sísmica de la Argentina”.
Ese mapa pionero sentó las bases de las normativas de construcción que hoy rigen y protegen a cada una de las provincias del país.


Del registro en papel al monitoreo en tiempo real
La forma de estudiar la Tierra cambió drásticamente en las últimas décadas. “En los inicios de la era instrumental, los científicos dependían de registros analógicos en papel, un sistema complejo que requería un mantenimiento constante y costoso, como el cambio manual de los tambores cada dos o tres días. Además, ante sismos de gran magnitud, los equipos de las estaciones cercanas solían saturarse, perdiendo información valiosa”.
Hoy, la era digital transformó ese escenario. La tecnología actual permite la instalación de densas redes sismológicas digitales, de fácil mantenimiento, que operan en tiempo real. “Estas herramientas permiten delimitar las fallas y conocer con precisión la corteza terrestre, datos fundamentales que utiliza el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) para confeccionar los mapas de peligrosidad sísmica”.
Actualmente, los sismos no saturan los equipos, lo que permite modelar y comprender la mecánica de un terremoto de forma rápida y certera. “La mayor seguridad actual radica en esa combinación: saber que contamos con construcciones sismorresistentes y un sistema de monitoreo científico en tiempo real”, asegura la doctora.
San Juan como la gran escuela sismológica del país
Esa trayectoria convirtió a la provincia en el faro sismológico de la Argentina. Este estatus de referencia no fue casualidad; es el resultado de una combinación única: “haber sido el escenario de la mayor catástrofe natural de la historia del país, contar con la impronta de profesionales visionarios como los ingenieros Volponi, Carmona y Giuliano, y sostener un desarrollo institucional continuo que supo transicionar con éxito de la tecnología analógica a la digital”.
San Juan sigue siendo, al día de hoy, el territorio más estudiado y con las redes sismológicas más densas de toda la nación.

El desafío de la memoria y la necesidad de anclajes físicos
A pesar de esta historia, mantener la memoria sísmica en el día a día de los sanjuaninos es un reto complejo. El paso del tiempo genera una brecha generacional. La sismóloga expresó como ejemplo: “Un joven actual de 20 años no ha vivido un gran terremoto devastador; el evento más fuerte en su registro es el sismo de enero de 2021, que fue de magnitud moderada. Sus padres quizás eran niños en 1977 y guardan un recuerdo infantil, carente de la plena noción del peligro del momento. Quienes sí experimentaron el rigor de 1977 o 1944 son los abuelos, pero sus vivencias suelen llegar a las nuevas generaciones como un relato lejano o una novela del pasado, y no como una advertencia real de algo que podría repetirse mañana”.
Para evitar que esa memoria se desvanezca, la Dra. Nacif propone una práctica necesaria: “Utilizar edificios emblemáticos como anclajes físicos del recuerdo. Un ejemplo claro sería la Catedral de San Juan, reconstruida tras el sismo del 44. Instalar en su fachada exterior fotografías que contrasten el edificio original, los escombros posteriores y la estructura actual serviría como un recordatorio urbano permanente. La memoria colectiva necesita anclajes físicos, sin ellos, se desvanece”.
El paisaje sonoro del ayer
Precisamente en esa línea de rescate de la memoria colectiva se inscribe una propuesta artística e institucional innovadora. El Centro de Experimentación Sonora (SES) presentará una obra basada en el formato de «cine ciego», diseñada para revivir el histórico terremoto de 1944 puramente a través del sonido.
Al anular lo visual mediante la oscuridad total de la sala, el espectador se ve obligado a reconstruir la experiencia en su mente a través de imágenes acústicas. El gran desafío del proyecto, dirigido por Fernando Torres tras dos años de investigación y recopilación de testimonios de sobrevivientes de 1944 y 1977, consistió en viajar en el tiempo para recrear un San Juan acústicamente muy distinto al actual.

Lejos del cemento y el ruido de los motores de hoy, la obra sumerge al público en el San Juan del ayer: el eco de las calles de piedra, el paso de las carretas, el galope de los caballos y texturas sonoras de la época. La investigación incluso rescató un detalle clave de la memoria oral de los sobrevivientes: el ladrido masivo, atípico y desesperado de los perros momentos antes de que la tierra tronara, un elemento central en la estructura dramática de la obra.
Este viaje sonoro conecta de forma directa con esa particularidad tan sanjuanina: “La capacidad de recordar con precisión matemática qué estaba haciendo cada uno, dónde y con quién se encontraba al momento en que la tierra se movió, una marca de identidad que une de igual manera a los sobrevivientes del siglo pasado con quienes recuerdan la noche del sismo de 2021”, expresó Torres.
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