Edición especial Aniversario Fundación de San Juan.

Las semitas y los cerros, lo que más extrañan los sanjuaninos que se van. Foto: Paula Farías.
Una mirada sociológica y psicológica para comprender por qué los habitantes de esta tierra mantienen un apego especial por su lugar y sus costumbres. Las históricas pérdidas que forjaron el carácter de una comunidad. Y la añoranza de los que se fueron de la provincia.
Por Pablo «Zama» Bustamante
El humo que emerge de las migas “chiclosas” de la semita recién horneada en barro, al partirla a la mitad con las manos, es la experiencia casi “sobrenatural” con la que crecen los sanjuaninos. Un tópico que no existe en ningún otro rincón del planeta. Y los que se van de este terruño saben que hay una fuerte nostalgia por la semita, como también descubren que existe un enamoramiento al paisaje que los cobijó entre brazos montañosos y áridos desde que llegaron al mundo.
A algunos el “ando extrañando el Zonda, su tierra y polvareda” no los identifica, pero no por eso desconocen esa frase que es, quizás, la más famosa para referenciar el amor por su entrañable lugar. Las imágenes mentales que genera -y las huellas mnémicas que activa- esa línea poética de “San Juan por mi sangre”, en la pluma de Ernesto Villavicencio, son ineludibles para cualquier nacido en esta tierra. Sanjuaninos y sanjuaninas llevan sus añoranzas por donde van.
“Es una característica de los sanjuaninos ser nostalgiosos”, define Graciela De Cara, magíster en Historia y licenciada en Sociología, investigadora de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ). Mientras que el psicólogo sanjuanino Juan Bustamante Biltes, quien reside en Tierra del Fuego, recuerda que Sigmund Freud –en “Psicología de las masas y análisis del yo”- dice que “la identificación es la forma primera, y la más originaria, del lazo afectivo”.
Que los nacidos en San Juan tengan un cariño más intenso por su terruño no es una novedad, algo que no ocurre con esa fuerza –o es menos expresivo tal vez- en habitantes de otras provincias. Para los que se fueron, el arraigo con la cultura y las costumbres de origen terminan siendo, en ocasiones, mucho más fuertes que la identificación con un nuevo lugar, por más que pasen las décadas.
“El sentido comunitario que nosotros tenemos, que se va perdiendo –en otros lugares- con una sociedad globalizada, es lo que nos salva del espanto, como diría –Jorge Luis- Borges. Es lo que nos permite conservar esa empatía por el otro, ese cuidado por lo que es nuestro”, analiza De Cara, directora de Proyectos de Investigación de la Facultad de Ciencias Sociales (FACSO).
La profesional rememora que Domingo Faustino Sarmiento decía que el apego por esta provincia está relacionado con el entorno geográfico, “porque desde ahí tenemos muchas cosas que nos hacen culturalmente sanjuaninos”.

Graciela De Cara, directora de Proyectos de Investigación de la FACSO.
La profesora y licenciada en Sociología ató la nostalgia también a la ausencia de ese “abrazo” de la geografía local cuando los sanjuaninos se alejan hacia una llanura. “Empezás a mirar el horizonte y no ves, aunque sea un mínimo, cerrito o montañita. Ahí te empieza a dar una nostalgia de la desprotección, de lo bien que se siente estar rodeado en San Juan”, compara.
Los que se fueron
Bustamante Biltes, integrante del Servicio de Salud Mental del Hospital Regional Río Grande, retoma su concepto y cuenta que, inclusive en su propio proceso de cambio de provincia, “surgen inmediatamente distintas asociaciones ligadas a la psicología: identidad, identificaciones, pérdida, duelo. Pero también imágenes relacionadas a San Juan: la calidez de la gente, los paisajes, las semitas, las pachatas”.
Entonces, las referencias que dejan los sanjuaninos que cambian de lugar de residencia son muy parecidas entre sí. El actor y conductor Darío Barassi hoy es, tal vez, el principal embajador de la provincia en el país. “El amor de mi vida” escribió en sus redes sociales al pie de una foto con un semitón, y siempre pide que le den “el sol sanjuanino”. “San Juan, Zonda, familia, comida casera, amigos, la vieja, sol, montañas y dulce de membrillo casero”, posteó en 2024.

Dario Barassi y sus recurrentes referencias sanjuaninas. Foto: redes sociales del conductor.
Mauricio Nozica creó su personaje “El Yarco” cuando vivía en Alemania para parodiar a sus coterráneos. Ahora regresó para cumplir el sueño de llevar su humor por el país con la obra “Hasta donde topa”, frase muy característica de la tierra del sol y el buen vino.
La exvirreina Nacional del Sol Carolina Oro, que vive en Tierra del Fuego, subió hace pocos días a sus redes una novedad que la hizo “feliz”: encontró semitas en Ushuaia. “Bien cotizadas por acá”, señaló, mostrando un cartel que indicaba que el cuarto kilo cuesta 3800 pesos.
Un sanjuanino exitoso que vive en el exterior es Gonzalo “Nolo” Romero, figura de la Selección Argentina de hockey sobre patines. Él admite desde Portugal que estar lejos de la familia “es complicado” y extraña San Juan. Otro es el exBoca Emmanuel Mas, que hoy reside en Uruguay, y dice: “Siempre tengo a la provincia en el corazón”.
“A San Juan lo extraño horrores. Comer semitas, sentir el viento Zonda”, describe la periodista Verónica Taft, que vivió en Polonia y hoy está en España. “Soy más sanjuanino que el Yeyo (el cantante Roberto Sosa)”, sorprende el arquitecto mendocino Jesús Martínez, quien vive en Barcelona pero estudió en la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño (FAUD) de la UNSJ. Ni los coterráneos por adopción parecen despegarse fácil de este cálido lugar.
Para Juan Bustamante, “si bien existen variables que se pueden repetir, se trata principalmente de factores subjetivos que repercuten de forma directa en cómo se procesa el cambio de lugar de origen”. “Ahí –apunta- inciden las experiencias personales, el tiempo, la cultura local, la personalidad, el motivo por el que se decide el cambio”.
El profesional que lleva casi dos años en Río Grande cuenta que los otros sanjuaninos con los que pudo conversar en el Sur “repiten el patrón de mirar con cariño a San Juan” y “esto ocurre al margen de si ya llevan más de 15 años afuera y encontraron en la isla un lugar para desarrollar su vida”.
“En la constitución subjetiva las identificaciones juegan un papel importante en la construcción de identidad, que no es estática pero que son rasgos que tienden a permanecer. Considero que en la cultura sanjuanina existen diversos elementos simbólicos y un lenguaje compartido, lo que facilita que podamos reconocer en palabras, imágenes y acciones algunas cosas que hacen a la identidad provincial. Acá, de parte de mis coterráneos, escucho en general que se repite la frase ‘mi querido San Juan’”, detalla el psicólogo.

Juan Bustamante, psicólogo del hospital de Río Grande, Tierra del Fuego.
Resiliencia y solidaridad
De Cara asegura que algunas personas que están mucho tiempo en Europa pierden el uso del artículo antes de cada nombre (la María, el Pedro), que es sello de los sanjuaninos. Pero asegura que cuando regresan es un rasgo que recuperan rápidamente.
“Culturalmente nosotros tenemos un modo de hacer, de pensar y sentir, como decía -Émile- Durkheim, que es muy particular y que nos identifica como sanjuaninos. Es la identidad sanjuanina que nosotros vamos construyendo todos los días y que depende mucho del entorno”, señala la investigadora.
Además, repasa que “Sarmiento, en su versión sociológica, lo decía mucho: nosotros somos hijos del viento Zonda. Imaginate todo lo que tenemos que reconstruir cada vez que viene el viento: se nos cae la reposera, el toldo, hay que sacar la tierra. O lo que tenemos que reconstruir cuando se nos cae la mitad de la casa (por un terremoto). Eso hace que nosotros profundicemos nuestra identidad en el arraigo”.
“Nos diferenciamos de Buenos Aires. Somos más pueblo, en el muy buen sentido de la palabra. Porque el pueblo es ese lazo solidario que se genera con el vecino, con el amigo, con el desconocido que se cae en la calle y lo vamos a auxiliar”. La solidaridad es otra característica que sobresale del ser sanjuanino, y tiene su historia.
La socióloga considera que “la resiliencia que tenemos, que hace que no nos vayamos pese a todas las dificultades climáticas, tiene que ver justamente con el aspecto solidario, con el pensar en el otro”. “A partir de 1944 nos ha golpeado duro la realidad con los terremotos, los temblores, las inundaciones por algunas lluvias a las que no estamos acostumbrados”, aclara.
“En términos de –Max- Weber podría decirse que nosotros todavía tenemos una sociedad tradicional. Por lo tanto, es más una comunidad que una sociedad en el sentido amplio. ¿Por qué? Porque nosotros todavía tenemos la suerte de mirarnos cara a cara. Por algo hay ciertos horarios en los días de semana o los fines de semana en donde los cafés alrededor de la plaza 25 de Mayo están llenos. Es raro ver a una persona sola tomar un café, siempre buscamos alguna compañía. Eso tiene que ver con al arraigo a las tradiciones, a las costumbres. Es como que a nosotros todavía la globalización y estos procesos de modernización no nos ha pegado tan fuerte”, argumenta la investigadora de la Facultad de Sociales.
Ese aspecto se mantiene en el tiempo en los sanjuaninos porque existe un fuerte “sentimiento de responsabilidad por el otro, y de resiliencia, de a veces tener que renacer de entre las cenizas”.
“Entonces, ¿por qué somos nostalgiosos? Porque perdemos cosas importantes en el camino. Nos hemos tenido que reconstruir culturalmente y, sobre todo, ediliciamente después de los cimbronazos que hemos tenido en los terremotos. Nuestra historia fundacional fue perder algo. Primero en la conquista y colonización nos quitaron el ser. Después fue perder el lugar fundacional en la zona de Concepción, porque lo había arrasado el Río San Juan, para volver a fundar en lo que ahora es la plaza 25 de Mayo”, contextualiza la profesional.
Ser sanjuanino o sanjuanina es no poder eludir la siesta, que es “una cuestión biológica porque necesitamos tomarnos un respiro para poder seguir en la tarde calurosa que nos queda”. Pero también es saludarse con un abrazo o dos besos en la necesidad de sentir al otro por más que lo estemos viendo. Un aspecto cultural que viene de la geografía: “El abrazo que recibimos de las montañas todos los días; esa contención natural que tenemos y hace a nuestro espíritu y lo que somos”. “Los valles y las cumbres, tan bellos de mi tierra”, como añoró Villavicencio en la canción.
“Cuando consideren que somos un poco áridos como el desierto hay que decir que, en realidad, en la profundidad el alma del desierto es calor y a eso lo tenemos en cada uno de nosotros”, concluye De Cara.
-Entonces, ¿quiénes somos?
-El sanjuanino o sanjuanina es como el pimpollo de las rosas: tienen que estar todas las condiciones dadas para que se abra al mundo y perfume el ambiente.
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